Corriente Independiente de La Laguna

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Que es para mí la abstinencia


Hay dos palabras muy importantes, a ninguna le puedo asignar una mayor importancia: cordura y valor.

Para los recién llegados a TA les puede parecer muy extraño que se hable de lo que significa la cordura, pueden pensar: “Pero si yo no estoy demente como ellos, solo tengo sobrepeso”. Ese fue mi pensamiento cuando leí en uno de los doce pasos que “devolvernos el sano juicio”. Quizá alguien de ustedes se pueda identificar con esto: Jamás comer en exceso delante de comedores normales (nos dicen, y lo creemos: Con lo que comes no es para que tenga tal sobrepeso) y confirmamos: Si, es que tengo tendencia a engordar. Pero algunos de nosotros, lo aceptemos o no, devoramos todo lo que estaba a nuestra vista, muchos pequeños bocados, ocultándonos de miradas indiscretas, en forma cuidadosa y furtiva para no hacer ruido y deshacernos de las evidencias de nuestros atracones.

¿Y que hay sobre los ingeniosos métodos usados a todas las horas del día y la noche en busca de un motor y de comida que consumir? Por ejemplo, encontrar diferentes tiendas a las que ir para que no nos reconozcan; luego inventándonos historias en el mostrador para explicar, sin que nadie nos lo solicite, las enormes cantidades de comida basura a unas horas tan extrañas.

Es muy probable que todos tenemos nuestros pequeños juegos que agregar a los citados. Ningunos son racionales o cuerdos; ellos son locura. Estaré eternamente agradecida por no tener que vivir tales tormentos como los que experimentaba ante el pensamiento de que me sorprendieran en ellos. Con cordura yo puedo, con la mente clara, elegir entre comer en exceso o no.

La locura del comer a escondidas – la culpabilidad, la ansiedad y el miedo –destruyeron mi valor, mi auto estima. Me sentía peor que cualquier persona que hubiera vivido nunca; Mis hábitos eran los peores, Llegué a ser la persona más obesa y si daba la casualidad que había en ese momento alguna persona masa gorda que yo, o bien mi grasa era más desagradable o esa persona era superior a mí mental y emocionalmente. Era una forma sutil de egocentrismo; todo se refería a mi, solo que estaba distorsionado y limitando mi pensamiento solo a los aspectos negativos.

Aunque siempre he tenido fuerza de voluntad, y he sido extrovertido y feliz funcionalmente (la risa y la comedia son métodos agudos de autodefensa), al final siempre salía por el camino más corto. Mis opiniones parecían válidas, pero eran diferentes a las de “ellos” así que naturalmente yo estaba en un error, y no solo me había equivocado sino que era un persona extraña. Esto me llevaba fijarme en los detalles más mínimos: ”esta persona hace la limpieza de una forma distinta y con más frecuencia de lo que yo lo hago. Esta persona debe estar haciéndolo bien y yo debo estar haciéndolo mal”.

Yo me desesperaba acerca de estas diferencias, escondiendo mi dolor de los demás y sobre todo de mi, no solo atiborrándome de basura casi continuamente sino también buscando y encontrando, con una voluntad asombrosa, los pros y los contras de aquellos que estaban a mi alrededor. Así podía decir: ”Bueno, por lo menos yo no hago eso”.

La abstinencia significa pues que he recibido salud y valor propio. Digo Recibido” cuidadosamente; la abstinencia simplemente representa la oportunidad de encontrar y trabajar por ambas cosas, cordura y, especialmente, el propio valor, porque los viejos hábitos son difíciles de romper.

Mientras que la abstinencia me ha dado una nueva vida – ese “algo” que estaba fuera de mi alcance y que he pasado buena parte de mi vida buscándolo o tratando de comprarlo a charlatanes o profesionales – no es un “ellos vivieron felizmente por siempre jamás después de la pastilla”. Es, sin embargo, la llave. Sin abstinencia, no puedo siquiera empezar a cavar mi camino desde la oscuridad de una carrera de toda la vida de la progresiva y destructiva enfermedad de la compulsión por la comida.

Soy libre por fin para continuar el sendero que dejé hace algunas 24 horas – el sendero a una vida llena de aprendizaje, crecimiento y cambio. Soy libre para elegir abstinencia o muerte. Se ha reducido a eso para mí. Abstinencia es la forma más suave, más fácil

Debo recordar siempre que mi enfermedad es incurable y que se defiende de la abstinencia, siempre tengo presente que hay una línea muy delgada entre mi libertad y mi anarquía entre mi sano juicio y mi locura.

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El camino hacia la serenidad y la paz mental: encarando la vida


Tarde o temprano, todas las personas llegan a un punto en que la vida parece volverse demasiado grande para soportarla. La vida realmente nunca es mucho para nosotros, pero puede parecerlo. Cuando esto sucede, tenemos que volver a enfocar la vida. Hemos perdido nuestra perspectiva, pero podemos recuperarla.

Puedes haber llegado a pensar que el mundo es indescriptiblemente vasto -la tierra, veinticinco mil millas de circunferencia, y el espacio exterior, lleno de mundos desconocidos-

Pero, prácticamente, el mundo se limita a tu casa, tu tienda y tu pueblo. Aún si fueras a la India, París o Hong-Kong, tu mundo no sería más grande que el interior del avión y, no irá más allá que el aeropuerto más cercano.

Puedes haberte imaginado al mundo como un hervidero de millones y millones de personas. En realidad, tu mundo consiste de un muy pequeño número de personas – aquellos con quienes vives, aquellos con quienes trabajas y aquellos con quienes te relaciona.

¿Y el horrible y amenazante futuro? ¿Esa pesadilla sin fin de días y años sombríos? ¡Ni siquiera puedes soportar pensar en eso! Bueno, pues deja totalmente de pensar en eso. Sólo puedes vivir un segundo a la vez, justamente este minuto. Puedes pensar sólo una cosa a la vez, hacer una cosa a la vez; de hecho, sólo puedes dar un respiro a la vez para vivir: Así que deja  de vivir en un mañana que puede nunca venir y comienza a vivir un día a la vez: ¡HOY!

Planea para mañana, pero vive solo hasta esta noche. En resumen, ese gran espantapájaros que es la vida, puede ser cortada a su tamaño  real. La vida es sólo este lugar, este momento y estas personas aquí y ahora. Eso lo que puedes manejar, al menos por el día de hoy.

“¡Pero si mi vida es sólo un problema tras otro”! Por supuesto, así es la vida.

No se como  será contigo, pero a mí me tomó mucho tiempo darme cuenta que, al menos algunos de estos problemas, yo mismo los había creado. Por ejemplo, pensaba que era mi responsabilidad tratar de resolver los problemas de otras personas, arbitrar sus disputas, y enseñarles a como vivir sus vidas. Me sentía herido cuando rechazaban mis consejos no solicitados. Finalmente, aprendí que no puedes ayudar a la gente, a no ser que realmente necesiten ayuda, estén dispuestos a ser ayudados, quieran que tú les ayudes y te pidan a ti que los ayudes. Y aún así, tú solo puedes ayudarles a ayudarse a sí mismos.

A un viejo árabe, cuya tienda estaba ubicada al lado de un grupo de escandalosos musulmanes le preguntaron:

-¿No le molestan? ¡No!

-¿Qué hace con respecto a ellos? ¡Los dejo hacer escándalo!

Yo me causé mucha preocupación innecesaria tratando de “no ser egoísta”, de pensar primero en todos los demás y al final en mi y de tratar de complacer a todos. Pero no se puede complacer a todos. Puedes matarte haciendo esto y aquello para complacer a tus primos, hermanas y tías, y terminar dándote cuenta de que de un modo u otro no se afectaron. “¡complace a todo el mundo, y nadie quedará complacido!” “¡Complácete a ti mismo y al menos tú estarás complacido!”. La caridad comienza por casa y, un claro interés por uno mismo, es un don básico de la naturaleza humana. Puedes ahorrarte mucha tristeza admitiendo la inutilidad de tratar de complacer a todo el mundo o de tratar de complacer a alguien que simplemente no puede ser complacido.

Un sorprendente número de personas creen que otras pueden herir sus sentimientos. No te creerán cuando les digas que eso no es cierto, ¡que nadie puede herirlas a no ser que se dejen! Si la crítica irresponsable o irracional te causa infelicidad, al menos eso es en parte culpa tuya. Todos decimos: “No me importa lo que digan los demás,” pero lo trágico es que sí nos importa y aparentar lo contrario empeora las cosas.

¿Que hacer? Trata de poner oídos sordos a la persona que te irrita o enoja, proponte que no pondrás atención a lo que “él” o “ella ” digan y hazlo en serio. No lo creerás hasta que lo intentes. Si rehúsas por lo menos intentarlo, algún alma cínica y desconfiada (como yo, por ejemplo) puede sospechar que tal vez estás tan metido en el hábito de que te estén hiriendo los sentimientos, que te aburres haciendo lo contrario.

Demasiado para sufrimientos innecesarios.

¿Y qué pasa con los problemas reales, los que vienen a pesar de lo que hacemos, pensamos y decimos? Ese problema aterrador que no tiene solución aparente. Detengámonos un minuto y veamos lo que es realmente un problema.

Un problema es un conjunto de circunstancias que amenazan tu bienestar. Y ¿qué son circunstancias? Circunstancias son personas y cosas. Así que “resolver nuestros problemas” significa realmente hacer a las personas y cosas como nosotros queremos. A veces podemos hacerlo. En la mayoría de los casos no podemos. Entonces, ¿qué?

Hay varias cosas que podemos hacer. Podemos buscar a nuestro alrededor a alguien o a algo a quien echarle la culpa. O podemos poner ceniza en nuestro pelo, usar zapatos rotos con suelas gastadas, acentuar nuestras arrugas, y salir gritando a nuestro amigos: “Pobre, pobre de mi!” Podemos tener éxito en hacer a nuestra familia sentirse infeliz. Podemos perseguir doctores. Podemos acechar a nuestro pastor o cura, golpearnos el pecho y gritarle a Dios; “Qué he hecho para merecer esto?”

ACEPTACIÓN: Estos  diversos “remedios caseros” -echarle la culpa a todo el mundo, la autocompasión y los demás- sólo tienen un resultado: Hacen a todos, incluso a nosotros mismos, más infelices, y se suman a nuestras dificultades sin solucionarlas. ¿Debemos ¡maldecir a Dios y morir!? No.

Haz lo que hace el político: ¡Sí no puedes vencerlos, únete a ellos! Si no puedes solucionar tus problemas, aprende a vivir con ellos y a pesar de ellos.

“¡Ah, claro que sí; así de fácil!” Está muy bien decir: “Aprende a vivir con ellos” pero otra cosa es hacerlo.

¿Como se hace eso? Muy simple, mi amigo; tan simple que no lo intentarías a no ser que estuvieras desesperado. Si estás lo suficientemente desesperado, tratarás cualquier cosa. Así que intenta algo que funcione: ¡INTENTA LA ACEPTACIÓN!

La aceptación es la única fuente real de tranquilidad, serenidad y paz. También se conoce como “Abandono”, “Inclinarse ante lo inevitable”, “Unírseles”. Puede adquirirse si tienes un deseo urgente de ayudarte y estás dispuesto a pedirle a Dios que te ayude.

Para nuestra suerte, la fórmula perfecta para la aceptación, simple y práctica como un abrelatas, está a mano, esperando que la usemos así como cientos de miles lo han hecho antes que nosotros, Escrita por Reinhold Niebuhr, se conoce en todas partes como la “Oración de la Serenidad”.

Poder Superior:

Concédeme

SERENIDAD

para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

VALOR

para cambiar las que si puedo y;

SABIDURÍA

para distinguir la diferencia.

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