Corriente Independiente de La Laguna

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Usa el teléfono


Cuando entramos a TA descubrimos que no estamos solos. Nos convertimos en parte de un enorme grupo de personas que compartimos un problema, comer compulsivamente y que obtenemos fuerza y ayuda de cada uno de nosotros. El teléfono es nuestra línea de vida. Una conversación telefónica es una pequeña junta en donde un ser humano nos dice que no estoy solo al darme su afecto escuchándome. La mayoría de nosotros encontramos que necesitamos hacer varias llamadas cada día.

Llamamos en momentos de tentación y dificultades. También llamamos cuando tenemos buenas noticias que compartir. Una llamada podría prevenir el tener problemas durante el día o ser simplemente un gesto de amistad y compañerismo – estar en contacto–. Cualquiera que fuera la razón, la persona que recibe la llamada se beneficia tanto como el que la hace. Una llamada telefónica es un recordatorio de que ninguno de nosotros está solo, que tenemos un programa que nos sostiene y que juntos seguiremos adelante por el camino de la abstinencia del síntoma.

Recordemos algo:

  • Cuando hagamos una llamada procuremos saber si el compañero que la recibe puede atendernos y
  • no la alarguemos demasiado.

Nuestro compañero quizá no tenga todavía la humildad de decirnos que en ese momento no puede atendernos. Humildad es verdad y la verdad nos hará libres.

SEÑOR, QUE NO SEA YO TAN ORGULLOSO O TAN TIMIDO O ESTE TAN OCUPADO QUE NO PUEDA USAR EL TELEFONO

Enero 9


Comida para el pensamiento.

Llamadas telefónicas

Cuando nos unimos a T.A., descubrimos que no estamos solos. Nos volvemos parte de una larga cadena de individuos que comparten un problema en común: comer en forma compulsiva, y que unos a otros se dan fuerza y se apoyan. El teléfono es nuestra cuerda salvavidas. Una conversación telefónica es una minijunta en la cual la mayoría de nosotros descubrimos que necesitamos tener viarias de ellas a diario.

Se sugiere que hagamos por lo menos tres llamadas telefónicas al día, además de comunicarnos con nuestro padrino. Llamamos cuando nos asalta la tentación y la dificultad, y también cuando tenemos buenas noticias que contar. Una llamada telefónica puede ser un medio para prevenir problemas durante el día o, simplemente, un gesto de amistad y camaradería que nos mantiene en contacto.

Sea cual sea la razón, la persona que recibe la llamada obtiene ayuda, tanto como quien la inició. La llamada telefónica nos recuerda que ninguno de nosotros estamos solos, que tenemos un programa que nos apoya, y que juntos lograremos el éxito.

Que no sea yo tan orgulloso ni tan tímido, ni que esté tan ocupado que no use el teléfono.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

Cuando tragabamos, la mayoría de nosotros no teníamos fe verdadera en nada. Tal vez pudimos haber dicho que creíamos en Dios, pero actuábamos como si no fuera así. Nunca pedimos sinceramente a Dios que nos ayudara y jamás aceptamos realmente su ayuda. Para nosotros, la fe parecía falta de fuerza de carácter. Pero cuando llegamos a TA comenzamos a tener fe en Dios y descubrimos que la fe nos proporcionaba la fortaleza necesaria para triunfar sobre la comida.

-¿He llegado a saber que en la fe hay fortaleza?

Meditación del Día.

Tendré fe a pesar de lo que me sobrevenga. Seré tolerante, aún en medio de las aflicciones. No temeré las presiones de la vida, porque creo que Dios sabe cuánto puedo soportar. Miraré al futuro con confianza. Sé que Dios no me pedirá que soporte nada que pudiera vencerme o destruirme.

Oración del Día.

Ruego que ponga este día mi vida en manos de Dios. Pido que tenga fe para que nada me trastorne o debilite en mi determinación de permanecer sobrio.

Reflexión Diaria A.A.

Un acto de providencia

“Es verdaderamente espantoso tener que admitir que, con la copa en la mano, hemos deformado nuestras mentes hacia una obsesión de beber tan destructiva que sólo un acto de la Providencia puede remover.”

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 23

Para mí, el acto de la Providencia, (una manifestación de cuidado y dirección divina), ocurrió cuando yo experimentaba la quiebra total del alcoholismo activo – todo lo significativo de mi vida había desaparecido. Llamé por teléfono a Alcohólicos Anónimos y, desde ese instante, mi vida nunca ha sido la misma. Al reflexionar sobre ese momento muy especial, sé que Dios estaba trabajando en mi vida mucho antes de que yo reconociera y aceptara conceptos espirituales. Mediante este único acto de Providencia pude quitarme de la bebida y empezar mi viaje hacia la sobriedad. Mi vida continúa desarrollándose con cuidado y dirección divina. El Paso Uno, admitir que yo era impotente ante el alcohol, y que mi vida se había vuelto ingobernable, cobra cada día más sentido para mí – un día a la vez – en la Comunidad salvadora y vivificadora de Tragones Anónimos.

El lenguaje del Adiós

Responsables de nosotros mismos

“Hemos estado haciendo cosas equivocadas por razones correctas.”

Ya no seas codependiente.

Ser cuidador consiste en asumir las responsabilidades de los demás, al tiempo que descuidamos la responsabilidad que tenemos para con nosotros mismos. Cuando de manera instintiva nos sentimos responsables de los sentimientos, de los pensamientos, de las elecciones, de los problemas, de la comodidad y del destino de los demás, somos cuidadores.

Quizá creamos, a nivel inconsciente, que los otros son responsables de nuestra felicidad, tal y como nosotros somos responsables de la suya.

Ser una persona considerada, amorosa y cariñosa es una meta meritoria. Pero ser una persona cuidadora significa descuidarnos a nosotros mismos hasta el punto de sentirnos victimados. Ser cuidador implica cuidar a los demás de tal forma que les impida aprender a ser responsables de si mismos.

Ser cuidador no funciona. Lastima a los demás y también nos hiere. La gente se enoja, se siente lastimada, usada y victimada, y nosotros también. La conducta más amable y generosa que podemos elegir es la de asumir la responsabilidad que tenemos para con nosotros mismos, por lo que pensamos, sentimos, queremos y necesitamos. Lo más beneficioso que podemos hacer es ser fieles a nosotros mismos y dejar que los demás asuman su propia responsabilidad.

Hoy le pondré atención a mis propias responsabilidades. Dejaré que los demás hagan lo mismo. Si tengo dudas acerca de cuáles son mis responsabilidades reales, haré un inventario.

Una decisión clave


Estoy celebrando ahora mis nueve años de abstinencia. Para alguien que no puede seguir una dieta más de tres días, esto es un milagro. Un milagro que se ha hecho posible, gracias a CCA. Hace nueve años llevaba ya cuatro en CCA y no había logrado más de unos pocos días seguidos de abstinencia. Miraba a aquellos que llevaban años abstinentes y pensaba que no tenían el mismo trastorno que yo.

En aquellos cuatro años no pude avanzar mucho en los pasos porque no tenía una sólida práctica del primer paso en la cual basar mi recuperación. Guiado por el miedo y la desesperación, aprendí a usar  las herramientas de recuperación. Superé mi miedo a hacer llamadas telefónicas, sobre todo a aquellos que llevaban más tiempo abstinentes. Presté el servicio de preparar las sillas y distribuir la literatura en la reunión. Me reunía en mi casa con pequeños grupos de compañeros que se estaban recuperando de la recaída, escribía, meditaba y leía la literatura del programa.

Desde la niñez, el miedo siempre me ha anulado y me ha aislado. Sólo por la agonía de la compulsión por la comida me atrevía a acudir a otros para obtener ayuda. Después de cuatro años en CCA tenía la suficiente esperanza como para rendirme completamente. Había admitido mi impotencia antes, pero nunca que mi vida era ingobernable. Después de una semana de abstinencia, escribí un inventario del cuarto paso y se lo leí a un amigo con seis años de abstinencia.

Titubeé mucho, pero si quería tener lo que este amigo tenía (abstinencia duradera, claridad de pensamiento, respeto a sí mismo y recuperación), tenía que comprometerme a la abstinencia al cien por cien. Pero, ¿qué había de eso de comer cómo y cuándo quería? Tenía dos opciones: disciplina y recuperación o libertad y enfermedad. Mi Poder Superior intervino, opté por la abstinencia. Pero, ¿cómo? Después de cuatro años intentándolo y fallando, ¿Qué podía intentar ahora diferente? ¿Cómo podía estar seguro de que nunca volvería, sólo por hoy, a dar un bocado compulsivo? Muchas veces leí el folleto de CCA, Antes de que Tomes el Primer Bocado Compulsivo y estaba totalmente de acuerdo con él. Una y otra vez intenté y fracasé. ¿por  qué? Por que no sabía que era ese primer bocado compulsivo el que debía evitar. Sólo algunas veces lograba evitar el atracón, pero la mayor parte del tiempo sucumbía.

Así que tomé la determinación de identificar cuándo estaba enfrentándome a un primer bocado compulsivo y telefonear antes de tomarlo. Nueve años de abstinencia iniciaron con una sola comida. Ahora no estoy más lejos ni más cerca que antes de la compulsión por la comida. Sólo estoy a un bocado de distancia.

Nueve años de practicar, comprometerme y trabajar los pasos me han alejado de ese primer bocado. Dejé mi comida en manos de mi padrino. Durante varios años, no podía evitar los alimentos que me provocaban compulsión, porque eran casi todos, pero logré eliminar los peores. Pude entonces trabajar plenamente los pasos confiando en que el dolor, el miedo, la ira y el placer no me volverían a llevar a la comida. He conseguido ser honesto respecto a lo que como. Podía entonces aprender a ser honesto con todo lo demás.

Todo ha cambiado en unos pocos años. Ahora como todo tipo de comida sin ansiedad ni compulsión, y no planeo ya mis comidas ni se las confío a nadie salvo cuando estoy muy estresado y veo que lo necesito. Pero una cosa no ha cambiado: esté comiendo en casa, en un picnic, en un buffet, restaurante o en casa de un amigo, siempre estudio qué sería en ese caso un primer bocado compulsivo, y me comprometo a telefonear antes de tomarlo.

Mi vida es ahora maravillosa. Estoy comprometido para casarme, voy a volver a estudiar, las promesas se han convertido en una realidad para mi. Todo comenzó con mi abstinencia y mi compromiso de reconocer el primer bocado compulsivo y llamar antes, hace nueve años.

Glorieta, New México

Construye tu camino hacia el sano juicio


Este programa es de acción. Por años, muchos de nosotros hemos intentado analizar por qué comíamos compulsivamente. Lo cierto es que ninguna cantidad de razonamientos va a cambiar nuestro apetito.

Para cambiar debemos actuar

Actuamos al escribir nuestro plan de comida. Levantando el teléfono y llamando a nuestro padrino o madrina de comida. Asistiendo a nuestras juntas. Actuamos al comprar la comida que  necesitamos para nuestro plan. Actuamos al planear el día de tal manera que pasemos el menor tiempo posible dentro de la cocina, durante los periodos en que nos sentimos débiles.

Actuamos al huirle a la comida que no está en nuestra abstinencia programada.

Al trabajar los Doce Pasos realizamos acciones que derivan en cambios de carácter concretos. Al realizar la acción correcta nuestro modo de pensar cambia, nos llegan pensamientos adecuados, pero primero debemos actuar.

¿Qué acción debo realizar el día de hoy? Señor, dirige mis acciones.

Pensamiento del día

El programa de TA, es más bien un camino para construir una nueva vida y no solamente una forma para dominar la comida. Porque en TA no solo dejamos de comer. Eso lo hicimos en tiempos pasados, cuando ya “nos llevaba el tren”. Desde luego, siempre volvíamos a empezar a comer porque solamente estábamos esperando recuperarnos físicamente. Una vez que hemos logrado la sobriedad mediante el programa de TA empezamos a marchar hacia arriba. En nuestros días de comedores íbamos cuesta abajo, cada vez peor. Nos hundimos o nos levantamos.

“¿Estoy yendo hacia arriba, cada vez mejor?”

Meditación del día.

Tratare de obedecer la voluntad de Dios dia y noche, lo mismo en las desiertas planicies que en la cima de los monies de la experiencia. Es en los esfuerzos diarios donde cuenta la perseverancia. Creo que Dios es el Senor de las pequeñas cosas, el Divino Inspector de los pequenos acontecimientos. Perseverare en este nuevo modo de vivir. Se que nada en el dia es demasiado insignificante para formar parte del designio de Dios.

Oración del día.

Ruego porque las piedrecillas que coloco en el mosaico de mi vida puedan formar un patrón que merezca la pena. Pido para que pueda perseverar y hallar así la armonía y la belleza.

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