Corriente Independiente de La Laguna

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La abstinencia viene primero


Yo no estoy de acuerdo con la definición de abstinencia que aparece en el folleto Un Compromiso a la Abstinencia. Para mí, comer compulsivamente y darme atracones son comportamientos causados por una reacción a determinados alimentos. Por lo tanto, la abstinencia es abstenerse de consumir aquellos alimentos que tiene cualidades adictivas.

En AA estás sobrio o no lo estás. Los miembros se abstienen de todo lo que contenga alcohol. No puedo seguir llamándome comedor compulsivo, si no reconozco que soy un adicto a la comida, adicto a ciertos alimentos que me hacen actuar compulsivamente en todas las áreas de mi vida.

Ya no estoy confundido por las distintas definiciones de abstinencia. Me ha llevado quince años lograr abstenerme de determinados alimentos a los que era adicto, y hoy me siento libre de esa adicción.

¿La abstinencia es lo más importante en mi vida. Si como compulsivamente, cada área de mi vida se ve afectada. Entonces, no tengo contacto con mi ser espiritual. Estoy siendo mi propio Dios. Entonces es que le he dado a la comida el poder de ser más poderosa que Dios, y entonces no habrá razón de ser de mi vida.

Ahora veo que cuando no me abstenía de comer compulsivamente aquellos alimentos a los que era adicto, mi cerebro estaba tan trastornado que era incapaz de comprender los pasos. Estaba demasiado ocupado preocupándome de cómo y cuándo iba a darme mi siguiente atracón y no era capaz de sentir mi impotencia y la ingobernabilidad de mi vida. (Paso 1)

Estaba buscando comida para hacer más llevadera mi dependencia de la gente, las cosas y los lugares, en vez de buscar a mi Dios (Pasos 2 y 3)

Tenía que tener la comodidad de la comida para soportar el dolor de mis propios defectos de carácter y de reconocer que no soy perfecto. (Pasos 4 y 5)

Sólo Dios sabe cuánto dolor sentí al tener que aceptar mis defectos, estar dispuesto a ser liberado de ellos y hacer mis reparaciones. (Pasos 6 al 9)

Seguía considerando a la comida como mi Dios, así no tendría que continuar haciendo mi inventario personal y luego admitir que yo era menos que perfecto. (Paso 10) Rezaba por la comida y a la comida, y no tenía conciencia de mi espiritualidad, sólo de la comida. (Paso 11)

El único mensaje que podía dar a los recién llegados era el de la recaída y el pensamiento irracional, porque elegí seguir comiendo. (Paso 12)

Para mí, la abstinencia ha de lograrse antes de comenzar a practicar los pasos. No creo que los pasos puedan convertirme en abstinente. Estar dispuesto a sentir y aprender a afrontar la vida como venga, vendrá sólo después de que esté dispuesto a no volver a comer de nuevo. Tengo que crecer y actuar como un adulto, no como un niño. Los instrumentos de recuperación junto con mi abstinencia serán los que me mantengan en recuperación. No puedo mantenerme abstinente de mis comportamientos compulsivos si elijo aislarme no yendo a las reuniones, si no pido ayuda a mi padrino, si no reservo tiempo para rezar y meditar, leer y escribir un diario. Y si no establezco un plan de comida diario, no estoy abstinente.

Debo proteger mi anonimato y el de mis compañeros. Debo continuadamente colaborar con mis compañeros, mi grupo y mi intergrupal a través del servicio. Los instrumentos fueron diseñados para mantenerme abstinente, pero he de usarlos. Gracias a Dios por TA, por mi programa de recuperación y por esta maravillosa herramienta que es la abstinencia.

¡Mantengámoslo simple!


Algunas horas después me despedí del Dr. Bob . . . Su maravillosa y amplia sonrisa estaba en su rostro cuando me dijo en forma casi divertida, “Recuerda, Bill, no echemos esto a perder. ¡Mantengámoslo simple!” Yo salí sin poder pronunciar una palabra. Esta fue la última vez que lo vi.

A.A. LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD, p. 217

Después de años de sobriedad, de vez en cuando me pregunto a mí mismo: “¿Es posible que sea tan sencillo?” Luego, en las reuniones, veo a los escépticos y a los desengañados de años pasados que han logrado salir del infierno siguiendo el camino de A.A., dividiendo sus vidas, sin alcohol, en segmentos de 24 horas, durante las cuales practican unos cuantos principios lo mejor que pueden. Y de nuevo me doy cuenta de que, aunque no sea siempre fácil hacerlo, si lo mantengo sencillo, funciona.

Haz que te funcione


Cuando vayas a una reunión fíjate en aquellos que lo están logrando.  Sé humilde, pregúntales como lo hacen. No salgas de la reunión apurado, tómate tu tiempo en preguntar y escuchar. Ese es el momento de aprender cómo se lleva a cabo el vivir en recuperación. El ejemplo es tu mejor aliado. Si otros pueden, tú también puedes, porque al fin y al cabo no somos diferentes. Pregúntale a esa persona cuya recuperación te gusta, como estaba cuando llego a TA y que ha hecho para llegar hasta donde está hoy.

 

Una decisión clave


Estoy celebrando ahora mis nueve años de abstinencia. Para alguien que no puede seguir una dieta más de tres días, esto es un milagro. Un milagro que se ha hecho posible, gracias a CCA. Hace nueve años llevaba ya cuatro en CCA y no había logrado más de unos pocos días seguidos de abstinencia. Miraba a aquellos que llevaban años abstinentes y pensaba que no tenían el mismo trastorno que yo.

En aquellos cuatro años no pude avanzar mucho en los pasos porque no tenía una sólida práctica del primer paso en la cual basar mi recuperación. Guiado por el miedo y la desesperación, aprendí a usar  las herramientas de recuperación. Superé mi miedo a hacer llamadas telefónicas, sobre todo a aquellos que llevaban más tiempo abstinentes. Presté el servicio de preparar las sillas y distribuir la literatura en la reunión. Me reunía en mi casa con pequeños grupos de compañeros que se estaban recuperando de la recaída, escribía, meditaba y leía la literatura del programa.

Desde la niñez, el miedo siempre me ha anulado y me ha aislado. Sólo por la agonía de la compulsión por la comida me atrevía a acudir a otros para obtener ayuda. Después de cuatro años en CCA tenía la suficiente esperanza como para rendirme completamente. Había admitido mi impotencia antes, pero nunca que mi vida era ingobernable. Después de una semana de abstinencia, escribí un inventario del cuarto paso y se lo leí a un amigo con seis años de abstinencia.

Titubeé mucho, pero si quería tener lo que este amigo tenía (abstinencia duradera, claridad de pensamiento, respeto a sí mismo y recuperación), tenía que comprometerme a la abstinencia al cien por cien. Pero, ¿qué había de eso de comer cómo y cuándo quería? Tenía dos opciones: disciplina y recuperación o libertad y enfermedad. Mi Poder Superior intervino, opté por la abstinencia. Pero, ¿cómo? Después de cuatro años intentándolo y fallando, ¿Qué podía intentar ahora diferente? ¿Cómo podía estar seguro de que nunca volvería, sólo por hoy, a dar un bocado compulsivo? Muchas veces leí el folleto de CCA, Antes de que Tomes el Primer Bocado Compulsivo y estaba totalmente de acuerdo con él. Una y otra vez intenté y fracasé. ¿por  qué? Por que no sabía que era ese primer bocado compulsivo el que debía evitar. Sólo algunas veces lograba evitar el atracón, pero la mayor parte del tiempo sucumbía.

Así que tomé la determinación de identificar cuándo estaba enfrentándome a un primer bocado compulsivo y telefonear antes de tomarlo. Nueve años de abstinencia iniciaron con una sola comida. Ahora no estoy más lejos ni más cerca que antes de la compulsión por la comida. Sólo estoy a un bocado de distancia.

Nueve años de practicar, comprometerme y trabajar los pasos me han alejado de ese primer bocado. Dejé mi comida en manos de mi padrino. Durante varios años, no podía evitar los alimentos que me provocaban compulsión, porque eran casi todos, pero logré eliminar los peores. Pude entonces trabajar plenamente los pasos confiando en que el dolor, el miedo, la ira y el placer no me volverían a llevar a la comida. He conseguido ser honesto respecto a lo que como. Podía entonces aprender a ser honesto con todo lo demás.

Todo ha cambiado en unos pocos años. Ahora como todo tipo de comida sin ansiedad ni compulsión, y no planeo ya mis comidas ni se las confío a nadie salvo cuando estoy muy estresado y veo que lo necesito. Pero una cosa no ha cambiado: esté comiendo en casa, en un picnic, en un buffet, restaurante o en casa de un amigo, siempre estudio qué sería en ese caso un primer bocado compulsivo, y me comprometo a telefonear antes de tomarlo.

Mi vida es ahora maravillosa. Estoy comprometido para casarme, voy a volver a estudiar, las promesas se han convertido en una realidad para mi. Todo comenzó con mi abstinencia y mi compromiso de reconocer el primer bocado compulsivo y llamar antes, hace nueve años.

Glorieta, New México

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