Corriente Independiente de La Laguna

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Acción correcta


La comprensión es la clave de los principios y las actitudes correctas, y la acción correcta es la clave del buen vivir.

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 131

Llegó un momento en mi programa de recuperación en que la tercera línea de la Oración de la Serenidad – “la sabiduría para reconocer la diferencia” – quedó impresa indeleblemente en mi mente. Desde aquel momento, tenía que enfrentarme con esta conciencia de que todas mis acciones, todas mis palabras y todos mis pensamientos estaban dentro o fuera de los principios del programa. Ya no podía ampararme en las racionalizaciones ni en la locura de mi enfermedad. La única línea de acción que tenía abierta, si iba a llegar a una vida feliz para mí mismo (y para mis seres queridos) era la de obligarme a mí mismo a hacer un esfuerzo para comprometerme y ser disciplinado y responsable.

 

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El camino hacia la serenidad y la paz mental: encarando la vida


Tarde o temprano, todas las personas llegan a un punto en que la vida parece volverse demasiado grande para soportarla. La vida realmente nunca es mucho para nosotros, pero puede parecerlo. Cuando esto sucede, tenemos que volver a enfocar la vida. Hemos perdido nuestra perspectiva, pero podemos recuperarla.

Puedes haber llegado a pensar que el mundo es indescriptiblemente vasto -la tierra, veinticinco mil millas de circunferencia, y el espacio exterior, lleno de mundos desconocidos-

Pero, prácticamente, el mundo se limita a tu casa, tu tienda y tu pueblo. Aún si fueras a la India, París o Hong-Kong, tu mundo no sería más grande que el interior del avión y, no irá más allá que el aeropuerto más cercano.

Puedes haberte imaginado al mundo como un hervidero de millones y millones de personas. En realidad, tu mundo consiste de un muy pequeño número de personas – aquellos con quienes vives, aquellos con quienes trabajas y aquellos con quienes te relaciona.

¿Y el horrible y amenazante futuro? ¿Esa pesadilla sin fin de días y años sombríos? ¡Ni siquiera puedes soportar pensar en eso! Bueno, pues deja totalmente de pensar en eso. Sólo puedes vivir un segundo a la vez, justamente este minuto. Puedes pensar sólo una cosa a la vez, hacer una cosa a la vez; de hecho, sólo puedes dar un respiro a la vez para vivir: Así que deja  de vivir en un mañana que puede nunca venir y comienza a vivir un día a la vez: ¡HOY!

Planea para mañana, pero vive solo hasta esta noche. En resumen, ese gran espantapájaros que es la vida, puede ser cortada a su tamaño  real. La vida es sólo este lugar, este momento y estas personas aquí y ahora. Eso lo que puedes manejar, al menos por el día de hoy.

“¡Pero si mi vida es sólo un problema tras otro”! Por supuesto, así es la vida.

No se como  será contigo, pero a mí me tomó mucho tiempo darme cuenta que, al menos algunos de estos problemas, yo mismo los había creado. Por ejemplo, pensaba que era mi responsabilidad tratar de resolver los problemas de otras personas, arbitrar sus disputas, y enseñarles a como vivir sus vidas. Me sentía herido cuando rechazaban mis consejos no solicitados. Finalmente, aprendí que no puedes ayudar a la gente, a no ser que realmente necesiten ayuda, estén dispuestos a ser ayudados, quieran que tú les ayudes y te pidan a ti que los ayudes. Y aún así, tú solo puedes ayudarles a ayudarse a sí mismos.

A un viejo árabe, cuya tienda estaba ubicada al lado de un grupo de escandalosos musulmanes le preguntaron:

-¿No le molestan? ¡No!

-¿Qué hace con respecto a ellos? ¡Los dejo hacer escándalo!

Yo me causé mucha preocupación innecesaria tratando de “no ser egoísta”, de pensar primero en todos los demás y al final en mi y de tratar de complacer a todos. Pero no se puede complacer a todos. Puedes matarte haciendo esto y aquello para complacer a tus primos, hermanas y tías, y terminar dándote cuenta de que de un modo u otro no se afectaron. “¡complace a todo el mundo, y nadie quedará complacido!” “¡Complácete a ti mismo y al menos tú estarás complacido!”. La caridad comienza por casa y, un claro interés por uno mismo, es un don básico de la naturaleza humana. Puedes ahorrarte mucha tristeza admitiendo la inutilidad de tratar de complacer a todo el mundo o de tratar de complacer a alguien que simplemente no puede ser complacido.

Un sorprendente número de personas creen que otras pueden herir sus sentimientos. No te creerán cuando les digas que eso no es cierto, ¡que nadie puede herirlas a no ser que se dejen! Si la crítica irresponsable o irracional te causa infelicidad, al menos eso es en parte culpa tuya. Todos decimos: “No me importa lo que digan los demás,” pero lo trágico es que sí nos importa y aparentar lo contrario empeora las cosas.

¿Que hacer? Trata de poner oídos sordos a la persona que te irrita o enoja, proponte que no pondrás atención a lo que “él” o “ella ” digan y hazlo en serio. No lo creerás hasta que lo intentes. Si rehúsas por lo menos intentarlo, algún alma cínica y desconfiada (como yo, por ejemplo) puede sospechar que tal vez estás tan metido en el hábito de que te estén hiriendo los sentimientos, que te aburres haciendo lo contrario.

Demasiado para sufrimientos innecesarios.

¿Y qué pasa con los problemas reales, los que vienen a pesar de lo que hacemos, pensamos y decimos? Ese problema aterrador que no tiene solución aparente. Detengámonos un minuto y veamos lo que es realmente un problema.

Un problema es un conjunto de circunstancias que amenazan tu bienestar. Y ¿qué son circunstancias? Circunstancias son personas y cosas. Así que “resolver nuestros problemas” significa realmente hacer a las personas y cosas como nosotros queremos. A veces podemos hacerlo. En la mayoría de los casos no podemos. Entonces, ¿qué?

Hay varias cosas que podemos hacer. Podemos buscar a nuestro alrededor a alguien o a algo a quien echarle la culpa. O podemos poner ceniza en nuestro pelo, usar zapatos rotos con suelas gastadas, acentuar nuestras arrugas, y salir gritando a nuestro amigos: “Pobre, pobre de mi!” Podemos tener éxito en hacer a nuestra familia sentirse infeliz. Podemos perseguir doctores. Podemos acechar a nuestro pastor o cura, golpearnos el pecho y gritarle a Dios; “Qué he hecho para merecer esto?”

ACEPTACIÓN: Estos  diversos “remedios caseros” -echarle la culpa a todo el mundo, la autocompasión y los demás- sólo tienen un resultado: Hacen a todos, incluso a nosotros mismos, más infelices, y se suman a nuestras dificultades sin solucionarlas. ¿Debemos ¡maldecir a Dios y morir!? No.

Haz lo que hace el político: ¡Sí no puedes vencerlos, únete a ellos! Si no puedes solucionar tus problemas, aprende a vivir con ellos y a pesar de ellos.

“¡Ah, claro que sí; así de fácil!” Está muy bien decir: “Aprende a vivir con ellos” pero otra cosa es hacerlo.

¿Como se hace eso? Muy simple, mi amigo; tan simple que no lo intentarías a no ser que estuvieras desesperado. Si estás lo suficientemente desesperado, tratarás cualquier cosa. Así que intenta algo que funcione: ¡INTENTA LA ACEPTACIÓN!

La aceptación es la única fuente real de tranquilidad, serenidad y paz. También se conoce como “Abandono”, “Inclinarse ante lo inevitable”, “Unírseles”. Puede adquirirse si tienes un deseo urgente de ayudarte y estás dispuesto a pedirle a Dios que te ayude.

Para nuestra suerte, la fórmula perfecta para la aceptación, simple y práctica como un abrelatas, está a mano, esperando que la usemos así como cientos de miles lo han hecho antes que nosotros, Escrita por Reinhold Niebuhr, se conoce en todas partes como la “Oración de la Serenidad”.

Poder Superior:

Concédeme

SERENIDAD

para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

VALOR

para cambiar las que si puedo y;

SABIDURÍA

para distinguir la diferencia.

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