Corriente Independiente de La Laguna

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El descubrimiento del café frío


25 05 2011

Acabo de ver una compañera vertiendo una taza de café debidamente en el resumidero, se enfrió. Me recuerda que mi vida está llena de paradigmas muchos de ellos basados en nada.

No rechaces lo que no conoces, el que no creas en él no te librará del mal, el desconocimiento de las leyes no nos eximen de su aplicación.

Ahora soy capaz de consumir el café que me he servido aunque se haya enfriado, no sabe ni mejor ni peor, simplemente diferente. Gracias a este intento he descubierto que es tan disfrutable como el café a punto de hervor.

Tomo un sorbo de café caliente y paladeo su sabor, siento que está ralo, al mismo tiempo siento ganas de orinar y me da pereza ir a descargar, apenas hace menos de una hora que lo hice, esto me hace cuestionarme acerca de que me tomo un litro de agua al amanecer, dicen que algo purifica, lo entiendo, pero me incomoda interrumpir este escrito para ir a orinar… pausa… iba a poner la hora pero voy a esperar que pase el minuto que corresponde a las 9:41 porque no quiero que se quede ese dato en este escrito, son las 9:42… pausa… dos minutos después estoy de regreso, la velocidad de mi mente: opiniones acerca de los compañeros que vi en el camino y en el baño, K, F, I, M. L, pensé en los que no ví, E, J, M, R, en los proyectos en las actividades en el viaje, en la utilidad del lavado de manos, la resequedad después de la lavada.

Siento ansiedad, culpa, porque ayer me salí del plan de alimentación y unos minutos después me llegó la sugerencia con la palabra “moderado”. Demasiado tarde.

Eso me hace sentir inflado mi abdomen, disminuyen mi capacidad de tolerancia y me promueven la pereza.

El título ya nada tiene que ver con el escrito, esto me dice que mi mente es dispersa en sus pensamientos, le cuesta trabajo organizarse.

Ahora mi café está… lo prueba… más caliente de lo que esperaba… ahora con un toque amargo, jabonoso.

El siguiente sorbo me parece más frío de lo que esperaba.

El grado de ansiedad que siento en mi pecho fluctúa, disminuye un poco, quizá porque escribo, mas bien porque estoy ocupando mi mente en algo, hago una pausa, a la expectativa la ansiedad no aumenta, pienso en una rebanada de pastel y siento una leve sensación de empalago, la sensación de mi abdomen me dice claramente que debo evitarla.

Atiendo una llamada, me solicitan una opinión acerca de los sistemas de información, durante la llamada mantengo ocupada mi mente y no percibo ansiedad alguna hasta que cuelgo, mi mente me dice que mi opinión fue mala, me siento que dije algo que no es cierto, no fui objetivo.

Otro sorbo de café… tibio… el sabor suave.

Apuro el último sorbo de la taza.

Cierro este escrito con ansiedad, pero no de comer, ansiedad de esperar que mi compañera se sienta bien mañana, de los pendientes no resueltos, ansiedad de incertidumbre, ansiedad de no entender los enredos de mi mente.

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La comida es solo un síntoma de mi enfermedad


“Comer compulsivamente”, es una enfermedad mental. Tengo un trastorno de la alimentación, que es una enfermedad mental, una adicción. Al ser una enfermedad mental, el problema esta en mi cabeza. He descubierto que tengo la tendencia a mentirme a mi mismo y tiendo a culpar a otros por la compulsión por la comida. Es mi mente la que está enferma y la que necesita ser curada, con toda la ayuda que pueda conseguir y conseguida la ayuda, ponerle acción. La enfermedad de la compulsión por la comida está en mi manera enferma de pensar. Quizá ha sido provocada porl ambiente disfuncional y enfermo de la familia en la que crecí. De las personas con actitudes enfermas cuyo trato hacia mi me era doloroso, por lo que yo puse inconscientemente la compensación del dolor con la comida.

Ahora sé que es un problema de mis emociones, hace tiempo que aprendí que con las emociones no tengo que hacer nada, sobre todo con las negativas. Vienen, se sienten, y con el tiempo se van. Antes quería mitigarlas comiendo. Quería arreglar eso que me causaba dolor a base de arreglos o decisiones a la desesperada que siempre lo empeoraban todo.

Ahora que se que la enfermedad está en mi cabeza, no me debo dejar llevar por mis disturbios, le tengo que poner freno a mi mente. Solo, no tengo sano juicio. La obsesión con la comida es tal que imagino cosas, creo cosas que no son, y a veces hasta veo cosas que no son.

Creo que esta enfermedad no va de kilos, ni de comida, ni de mi cuerpo. Eso son solo síntomas, la manifestación. Es una consecuencia nefasta de la forma en que percibo el mundo, de cómo siento, de mis emociones. Y de cómo las proceso en mi cabeza. Las personas normales no se van a comer por que cualquier tontería les supone una dificultad o les duele. Afrontan el suceso o lo ignoran asumiendo sus consecuencias.

Un comedor compulsivo como yo, no actua asi. Agacha la cabeza, mete la cabeza debajo del ala, y come para no sufrir. Para compensar el dolor. Y sin embargo por el camino genera otro dolor aun más grande. El de destruirse a uno mismo comiendo de manera dañina.

Empieza con un problema y comiendo compulsivamente se queda con el original y otro, quizá mucho más grave.

La comida afecta nuestra mente. Me dice que con un poco de este u otro alimento mi vida será mejor, y mis problemas se irán. Se asocian emociones y sensaciones de bienestar a la comida. Un enfermo emocional como yo usa eso para tapar o huir de lo que le duele, en vez de enfrentarse a ello.

En el fondo como adicto soy un cobarde que me escondo en la comida en vez de afrontar mi vida. En TA me han mostrado la responsabilidad y la madurez de solucionar las cosas de ponerle acción a mi vida.

La comida es solo un síntoma de mi enfermedad.

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