Corriente Independiente de La Laguna

Mayo 28


Comida para el pensamiento.

Paciencia

A menudo, la persona que es comedora compulsiva quiere tener lo que desea en ese mismo momento, si no es que antes. Cuando hacemos el inventario, muchos nos damos cuenta de que la impaciencia es uno de nuestros defectos de carácter que más problemas nos causan. Somos impacientes con los demás cuando no ven las cosas como nosotros las vemos, también con la lentitud en la pérdida de peso y cuando parece que no estamos logrando progreso emocional y espiritual.

Cultivar la paciencia nos ayuda muchísimo con nuestro programa. Crecemos en paciencia cuando le damos a Dios el control sobre nuestras vidas y decidimos vivir de acuerdo con Su ritmo. Si aceptamos lo que nos ocurre como la manifestación de la voluntad de un Poder Superior, estamos mejor capacitados para ver incluso las experiencias menos placenteras como experiencias de aprendizaje. Nos volvemos más pacientes para con nosotros mismos cuando vemos nuestros fracasos como oportunidades para probar de nuevo.

El crecimiento fructífero es lento. Sólo la maleza crece rápidamente. Reconocer nuestra impotencia nos permite hacer acopio de paciencia para perseverar con la que podemos y fe para dejarle los resultados a Dios

Con mi confianza en Ti, que aprenda a ser paciente.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

En TA aprendemos que, puesto que somos tragones, podemos ser personas extraordinariamente útiles. Esto es, podemos ayudar a otro tragón, cuando quizás otros que no hayan tenido nuestra experiencia con la comida no podrían ayudarlo. Esto nos hace útiles de manera única. Los TA son un grupo único de personas, porque han tomado sus mayores derrotas y fracasos propios, su enfermedad, y los han utilizado como un medio para ayudar a otros. Nosotros, que hemos pasado por el mismo trance, somos quienes mejor podemos ayudar a otros.

 –  ¿Creo que puedo ser útil en forma única?

Meditación del Día.

Debo tratar de sentir la presencia de Dios. Puedo sentir que Él está conmigo y junto a mí, protegiéndome y fortaleciéndome siempre. A pesar de toda dificultad, de toda prueba, de todo fracaso, la presencia de Dios es suficiente. Tan sólo con creer que Él está junto a mí, recibo fortaleza y paz. Debo tratar de vivir como si Dios estuviera a mi lado. No puedo verlo, porque no fui hecho con la capacidad para ello; de otro modo, no habría lugar para la fe. Pero puedo sentir su espíritu conmigo.

Oración del Día.

Ruego porque pueda tratar de practicar la presencia de Dios. Pido porque, haciéndolo así, jamás pueda sentirme solo o desamparado de nuevo.

Reflexión diaria A.A.

Los mismos derechos

En alguna que otra ocasión, la mayoría de los grupos de A.A. se lanzan frenéticamente a inventar reglamentos. Pasado un tiempo, los temores y la intolerancia se apaciguan (y nosotros nos damos cuenta). No queremos privar a nadie de la oportunidad de recuperarse del alcoholismo. Deseamos ser tan inclusivos como podamos, nunca exclusivos.

LA TRADICIÓN DE A.A.: COMO SE DESARROLLO, p. 10-11-12

A.A. me ofreció una completa libertad y me aceptó por lo que soy. Ser miembro no dependía de la conformidad, del éxito financiero o de la educación, y por eso yo estoy muy agradecido. Frecuentemente me pregunto si yo ofrezco la misma igualdad a otros o si les niego la libertad de ser diferentes. Hoy trato de reemplazar mi temor y mi intolerancia por la fe, la paciencia, el amor y la aceptación. Yo puedo llevar estas virtudes a mi grupo de A.A., a mi hogar y a mi trabajo. Hago un esfuerzo para llevar mi actitud positiva dondequiera que voy.

No tengo ni el derecho, ni la responsabilidad de juzgar a otros. Según sea mi actitud, yo puedo ver a los recién llegados a A.A., a los miembros de mi familia y a mis amigos, como amenazas o como maestros. Cuando pienso en algunas de mis opiniones del pasado, veo muy claro el daño espiritual que me causaba mi fariseísmo.

El lenguaje del adiós.

Deja ir las dudas acerca de ti mismo.

Una mujer casada que recientemente se unió a Al – Anon me llamó una tarde. Trabajaba medio tiempo como enfermera, había asumido todas las responsabilidades de la crianza de sus dos hijos y hacía todos los quehaceres domésticos, incluyendo reparaciones y finanzas.

“Quiero separarme de mi marido”, sollozó.” Ya no lo soporto más a él ni a su abuso. Pero dime, por favor dime”, me dijo, ¿crees que puedo cuidarme sola?”

Ya no seas codependiente.

No solo está bien que cuidemos de nosotros mismos, sino que podemos cuidarnos muy bien. Muchos de nosotros confiamos en nuestra capacidad para cuidar de los demás, pero dudamos de nuestra fuerza inherente para cuidar de nosotros mismos. Hemos llegado a creer, a partir de nuestras circunstancias pasadas o presentes, que necesitamos cuidar a los demás y necesitamos que los demás nos cuiden. Esa es la más acabada creencia codependiente.

No importa dónde nació esta creencia autoderrotista, podemos liberarnos de ella y remplazarla por otra mejor, otra más sana, más adecuada.

Podemos cuidar de nosotros mismos, estemos dentro de una relación o no. Se nos proveerá de todo lo que necesitemos. Tendremos seres queridos, amigos y a nuestro Poder Superior para ayudarnos.

Saber que podemos cuidarnos solos no significa que a veces no tengamos sentimientos de miedo, incomodidad, duda, ira y fragilidad.

Significa que debemos practicar la “valiente vulnerabilidad”, como la llamo Colette Dowling en El complejo de Cenicienta. Podremos sentirnos asustados, pero lo hacemos de todas maneras.

Hoy, Dios mío, ayúdame a saber que me puedo cuidar solo.

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