Corriente Independiente de La Laguna

Enero 19


Comida para el pensamiento.

No estés ansioso

Si trabajamos conscientemente el programa T.A., podemos encargarle los resultados a nuestro Poder Superior. Preocuparnos es insultar a Dios. Cuando admitimos que somos impotentes ante la comida y que nuestras vidas se han vuelto ingobernables, podemos pedir y recibir una fortaleza y un poder más allá de nosotros mismos. Cuando ponemos nuestra vida y nuestra voluntad al cuidado de Dios y lo entendemos a Él, somos libres de vivir sin ansiedad.

Al principio nos sentimos torpes. Por un momento, le entregamos nuestros problemas y angustias, y las recogemos al siguiente. Nos olvidamos de que el programa de Doce Pasos les ha funcionado a cientos de personas compulsivas: tragones y drogadictos, así como a comedores compulsivos. Al dudar de la fortaleza de Dios, caemos otra vez en nuestra propia debilidad, con los consiguientes problemas.

A través de nuestro contacto con miembros de T.A. podemos observar cómo cambian las vidas y cómo la gente se renueva en cuerpo, mente y espíritu. Estos ejemplos son un testimonio convincente de la eficiencia de nuestro Poder Superior. Entre más confiamos en Su voluntad para con nosotros, más puede hacer milagros en nuestras vidas.

Señor, toma mis angustias. Oro porque se haga Tu voluntad.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

Sobre los cimientos de la sobriedad podemos levantar una vida de honradez, de desinterés, de fe en Dios y amor por nuestros semejantes. Jamás alcanzaremos plenamente estas metas, pero la experiencia de construir esa clase de vida es incomparablemente más aceptable que el torbellino de nuestra antigua vida de tragones. Hemos venido a T.A. para tornarnos sobrios, pero si permanecemos el tiempo suficiente aprendemos una nueva forma de vivir. Llegamos a ser honrados con nosotros mismos y con las demás personas. Aprendemos a pensar más en los demás y menos en nosotros. Y aprendemos a confiar en la ayuda constante del Poder Superior.

¿Estoy viviendo honrada, desinteresadamente y con fe?

Meditación del Día.

Creo que Dios ya había visto las necesidades de mi alma antes de que yo se las expusiese, antes de que yo mismo estuviera consciente de esas necesidades. Creo que Dios ya estaba formulando la respuesta. Dios no necesita ser solicitado con lágrimas y suspiros, ni con mucho hablar para que renuentemente conceda la ayuda deseada. Él ya ha previsto cada una de mis carencias y necesidades. Trataré de comprenderlo a medida que sus planes se desarrollen en mi vida.

Oración del Día.

Ruego que pueda conocer mis carencias y necesidades reales. Pido que mi conocimiento de esas necesidades y carencias pueda ayudar para traerles la solución.

Reflexión Diaria A.A.

Fe a toda hora

“La fe tiene que operar en y a través de nosotros las veinticuatro horas del día, o de lo contrario pereceremos.”

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 15

La esencia de mi espiritualidad, y de mi sobriedad, descansa en una fe que dura las veinticuatro horas de cada día, fe en un Poder Superior. Tengo que confiar en el Dios de mi entendimiento y tenerlo siempre presente según sigo adelante con mis actividades diarias.

¡Qué reconfortante es para mí la idea de que Dios obra en y por medio de la gente!

Al hacer una pausa en mi rutina cotidiana, ¿traigo a la memoria ejemplos concretos y particulares de la presencia de Dios? ¿Me siento maravillado e inspirado por la multitud de veces en las que este poder se pone de manifiesto? Estoy rebosante de gratitud por la presencia de Dios en mi vida de recuperación. De no tener esta fuerza omnipotente en todas mis actividades, volvería a hundirme en el abismo de mi enfermedad – y la muerte.

El lenguaje del Adiós

Apoderarnos de nuestra fuerza

Hay un sentimiento al que le tenemos que prestar una particular atención durante la recuperación: sentirnos victimados. No necesitamos acostumbrarnos a sentirnos a gusto con ese sentimiento.

¿Cómo nos sentimos cuando hemos sido víctimas de alguien? Impotentes, furiosos, desamparados, frustrados.

Es peligroso sentirse victimado. A menudo, esto nos puede lanzar a conductas adictivas o a otras conductas compulsivas.

En la recuperación estamos aprendiendo a identificar cuándo nos sentimos victimados, cuándo hemos sido victimados en realidad y por qué nos estamos sintiendo victimados. Estamos aprendiendo a apoderarnos de nuestra fuerza, a cuidar de nosotros mismos y a retirarnos de nuestro papel de víctimas.

A veces, apoderarnos de nuestra fuerza significa darnos cuenta de que nos estamos victimando a nosotros mismos, y que los demás no están haciendo nada para lastimarnos. Ellos están viviendo su vida, como es su derecho, y nosotros nos estamos sintiendo víctimas porque estamos intentando controlar su proceso o, de manera irracional, estamos esperando que ellos cuiden de nosotros. Nos podemos sentir victimados si nos quedamos atascados en una creencia codependiente, tal como “….Los demás me hacen sentir”, “…. Los demás tienen la llave de mi felicidad y mi destino”, “…. o, no podré ser feliz a menos que otro se comporte de determinada manera, o de que sucedan ciertas cosas…..”

Otras veces, apoderarnos de nuestra fuerza significa que nos damos cuenta de que estamos siendo victimados por la conducta de otra persona. Están siendo invadidos nuestros límites. Es ese caso, indagamos qué necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos e impedir que continúe la victimización; necesitamos fijar límites. A veces, lo único que se requiere es un cambio de actitud. No somos víctimas.

Luchamos por sentir compasión hacia la persona que nos victimó, pero comprendemos que a menudo la compasión viene después, cuando nos hayamos despojado de nuestro papel de víctimas en cuerpo, mente y espíritu. También entendemos que sentir demasiada compasión puede volver a ponernos de inmediato en el cajón de las víctimas. Sentir demasiada lástima por una persona que nos está victimando puede establecer una situación donde la persona nos pueda convertir de nuevo en su víctima.

No tratamos de forzar consecuencias ni crisis sobre otra persona, pero tampoco la rescatamos de las consecuencias lógicas de su conducta. Si hay un papel que tengamos la responsabilidad de jugar para que se den esas consecuencias, lo desempeñamos, no para controlar ni para castigar, sino para ser responsables con nosotros mismos y con los demás.

Tratamos de descubrir qué podemos estar haciendo que nos hace sentir victimados, o qué papel estamos jugando dentro de un sistema, y dejamos, también, de hacerlo. No tenemos poder sobre los demás ni sobre su conducta, pero podemos apropiarnos de nuestra fuerza y apartarnos de ser víctimas.

Hoy asumiré la responsabilidad de ser yo mismo y de demostrárselo a los demás al no permitir que se me victime.  No puedo controlar los acontecimientos, pero sí puedo controlar mi actitud al ser victimado. No soy una víctima; no merezco ser victimado.

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