Corriente Independiente de La Laguna

Noviembre 27


Comida para el pensamiento.

A que no puedes comer sólo uno

A estas alturas, sabemos que no comemos en forma moderada. Un bocado extra compulsivo tarde o temprano desemboca en un atracón. El tener este hecho firmemente establecido en nuestra conciencia nos impide engañarnos y encaminarnos al desastre. Para nosotros, o hay abstinencia o hay caos. No hay un término medio entre estas dos situaciones.

Habiendo comprobado este hecho una y otra vez, debemos evitar a toda costa la locura que nos hace pensar que podemos manejar ese bocadito de más. Nuestra única defensa segura contra dicha locura inexplicable es un Poder que es superior a nosotros. Solos, no podemos controlar lo que comemos y no podemos gobernar nuestras vidas.

Empezamos cada día admitiendo ante Dios nuestra impotencia para controlar nuestra compulsión, y pidiéndole Su control. Cada vez que nos sintamos tentados o agobiados, nos ponemos enteramente a Su amparo y protección. Al finalizar el día, le damos gracias por el Poder que nos aparta de comer ese bocadito desastroso.

Líbrame del bocado que significa un atracón.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

El camino de A.A. es el camino de la sobriedad, de la fraternidad, del servicio y de la fe. Examinemos cada una de estas cosas y veamos si nuestros pies van realmente por ese camino. Lo primero y más importante para nosotros es la sobriedad. Lo demás se construye teniendo como base la sobriedad. No podríamos tener lo demás sin tener sobriedad. Todos hemos venido a A.A. para lograr la sobriedad y nos quedamos para ayudar a otros a que logren la suya. Buscamos en primero, segundo y en último término la sobriedad. No podemos construir ninguna clase de vida decente a menos que permanezcamos sobrios.

–  ¿Estoy en el camino de A.A.?

Meditación del Día.

Desear verdaderamente la voluntad de Dios; he allí donde está la felicidad del ser humano. Empezamos queriendo salirnos con nuestra. Deseamos que nuestra voluntad se cumpla. Tomamos de la vida sin dar nada a cambio. Gradualmente encontramos que no somos felices cuando somos egoístas y empezamos a ceder respecto a la voluntad de otros personas; pero tampoco esto nos proporciona la felicidad plena y empezamos a ver que la única forma para ser verdaderamente feliz es la de tratar de hacer la voluntad de Dios. En estos momentos de meditación buscamos encontrar la dirección de Dios para encontrar su voluntad para nosotros.

Oración del Día.

Ruego que subordine mi voluntad a la voluntad de Dios. Pido ser orientado hoy para encontrar Su voluntad para mí.

Reflexión diaria A.A.

El poder de la atracción

“En un principio, la prensa no podía comprender nuestros motivos para rechazar toda publicidad personal. Se mostraban sinceramente desconcertados ante nuestra insistencia por conservar el anonimato. Pero al fin vieron la luz. Se encontraron con algo inusitado en este mundo: una sociedad que alegaba querer darle publicidad a sus principios y a sus obras, pero no a sus miembros individuales. Esa actitud nuestra los llenó de placer. Desde entonces, esos amigos han escrito crónicas sobre A.A. con un entusiasmo que no sería capaz el más fogoso de nuestros miembros.”

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 190-191

Para mi supervivencia y para la de la Comunidad , es esencial que yo no use a A.A. para hacerme el centro de atención. El anonimato es para mí una manera de practicar la humildad. Ya que el orgullo es uno de mis defectos más peligrosos, practicar la humildad es una de las mejores maneras de superarlo. La Comunidad de A.A. gana reconocimiento mundial por sus diversos métodos de hacer públicos sus principios y su trabajo, no porque sus miembros individualmente hagan publicidad de sí mismos. La atracción creada por mi cambio de actitudes y mi altruismo, contribuyen mucho más al bienestar de A.A. que la promoción personal.

El lenguaje del adiós.

Podemos confiar en nosotros mismos.

Para muchos de nosotros, la cuestión no es si podemos o no confiar de nuevo en otra persona; es si podemos o no volver a confiar en nuestro propio juicio.

“El último error que cometí casi me cuesta mi cordura”, dijo una mujer en recuperación que se casó con un adicto sexual. “No me puedo dar el lujo de cometer otro error como ése.”

Muchos de nosotros hemos confiado en gente que siguió engañándonos, abusando de nosotros, manipulándonos o explotándonos de alguna otra manera porque confiamos en ella. Podemos haber encontrado a esa gente encantadora, amable, decente. Puede haber habido una vocecita que dijera, “No, algo está mal”. O podemos habernos sentido a gusto confiando en esa persona, y en estado de shock cuando descubrimos que nuestros instintos estaban equivocados.

El asunto entonces puede reverberar en nuestra vida durante años.

Nuestra confianza en los demás puede haberse sacudido, pero nuestra confianza en nosotros mismos puede haberse destrozado aún más.

¿Cómo algo puede sentirse tan correcto, fluir tan bien y ser un error tan total? Podemos preguntarnos, ¿cómo podré volver a confiaren mi proceso de selección cuando me demostró ser tan defectuoso?

Podemos no tener nunca la respuesta. Yo creo que necesité cometer ciertos “errores” para aprender lecciones de crítica importancia que no estoy segura que hubiera aprendido de alguna otra manera. No podemos dejar que nuestro pasado interfiera con nuestra capacidad para confiar en nosotros mismos. No podemos darnos el lujo de funcionar con miedo.

Si siempre estamos tomando la decisión equivocada en los negocios o en el amor, puede ser que necesitemos aprender por qué insistimos en derrotarnos a nosotros mismos.

Pero la mayoría de nosotros mejora. Aprendemos. Crecemos a partir de nuestros errores. Lentamente, por incrementos, mejoran nuestras relaciones. Mejoran nuestras alternativas de trabajo. Mejoran nuestras decisiones acerca de cómo manejar situaciones con los amigos o con los hijos. Nos beneficiamos de nuestros errores. Nos beneficiamos de nuestro pasado. Y si hemos cometido errores, tuvimos necesidad de cometerlos para aprender en el camino.

Hoy dejaré ir mis miedos acerca de confiar en mí mismo porque he cometido errores en el pasado. Comprendo que estos miedos sólo sirven para deteriorar mi buen juicio hoy. Le daré validez a mi pasado, e incluso a mis errores, aceptándolos y sintiendo gratitud por todo ello. Me esforzaré en ver lo que he ganado de mis errores.

Trataré también de ver mis buenas decisiones. Tendré puesta la mirada vigilante sobre el progreso general en mi vida.

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