Corriente Independiente de La Laguna

Noviembre 21


Comida para el pensamiento.

Estados de ánimo

Nosotros solíamos permitir que nuestros estados de ánimo determinaran qué y cuánto comeríamos. Si nos sentíamos bien y estábamos llenos de entusiasmo, éramos capaces de concentrar nuestra energía en otra actividad que no fuera comer.

Quizá cuando estábamos de particular buen humor era posible adherirnos por unos cuantos días a alguna dieta.

Cuando nos veían estados de ánimo negativos, invariablemente recurríamos al exceso de comida para consolarnos, e intentábamos disipar los estados de ánimo negativos comiendo en exceso. Cualquier tipo de malestar físico se convertía en una señal para comer.

Luego, también, algunos de nosotros nos descubríamos comiendo cuando estábamos muy contentos, porque no teníamos otra forma de expresar nuestra alegría.

Cuando estamos comprometidos con la abstinencia, tenemos una funda de roca para nuestros hábitos alimentarios que ningún cambio de ánimo puede destruir. No importa cómo nos sintamos en un momento dado, nos abstenemos de comer en forma compulsiva. Los estados de ánimo cambian y pasan, pero la abstinencia permanece.

Afirma mi compromiso con la abstinencia.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

Ya no malgasto el dinero sino trato de usarlo en cosas útiles Como todos nosotros, cuando estaba borracho tiraba el dinero como marinero borracho. Me daba una sensación de importancia – millonario por un día. Pero a la mañana siguiente, con los bolsillos vacíos,  el despertar era triste. Una de las cosas más duras de enfrentarse es el del dinero botado. ¿Cómo es que había sido tan tonto? ¿Cómo compensaría las pérdidas? Esta clase de pensamientos resultan deprimentes. Cuando estamos sobrios gastamos como se debe lo que con esfuerzo hemos ganado. Aunque tal vez alguno de nosotros podríamos ser más generosos con nuestros donativos a A.A., por lo menos no tiramos nuestro dinero.

– ¿Estoy usando adecuadamente mi dinero?

Meditación del Día.

Fuimos hechos para estar a gusto en el mundo. Sin embargo algunas gentes viven una vida de desesperación callada. Esto es lo contrario de vivir a gusto y en paz con el mundo. Hay que dejar que la paz del espíritu sea evidente para quienes nos rodean. La gente debe ver que estamos contentos, y al verlo, saber que eso surge de nuestra confianza en el Poder Superior. La resignación penosa y dura no es grata a Dios. La Fe le quita la fuerza al viento de la adversidad y trae la paz aún en medio de la lucha.

Oración del Día.

Ruego que me sienta contento con mi nueva forma de vivir. Pido sentirme satisfecho y en paz dentro de mí mismo.

Reflexión diaria A.A.

Una oración clásica

“Señor: hazme un instrumento de Tu paz – que donde haya odio, siembre amor – donde haya injuria, perdón – donde haya duda, fe – donde haya desesperación, esperanza – donde haya sombras, luz – donde haya tristeza, alegría. ¡Oh! ¡Divino Maestro! concédeme que no busque ser consolado, sino consolar – que no busque ser comprendido, sino comprender – que no busque ser amado, sino amar – porque para encontrarse, hay que olvidarse de sí mismo – perdonando, es como Tú nos perdonas – y muriendo en Ti, nazco para la vida eterna. Amén.”

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 106

No importa en qué parte de mi desarrollo espiritual me encuentre, la oración de San Francisco me ayuda a mejorar mi contacto consciente con el Dios de mi entendimiento. Creo que una de las grandes ventajas de mi fe en dios está en que yo no lo comprenda a El o a Ella o a Ello. Puede ser que mi relación con mi Poder superior sea tan fructífera que yo no tengo que comprenderlo. Sólo estoy seguro de que si practico el Undécimo Paso regularmente, lo mejor que pueda, continuaré mejorando mi contacto consciente, que conoceré su voluntad para conmigo y que tendré la fortaleza para cumplirla.

El lenguaje del adiós.

Miedos financieros.

Me senté en el coche, viendo el letrero en la puerta de la oficina de víveres: “Cerrado hasta el viernes”. Era miércoles. Tenía dos hijos hambrientos y, yo misma, no tenía dinero.

Apoyé la cabeza sobre el volante. Ya no aguantaba más.

Había sido tan fuerte, tan valiente, tan confiada durante tanto tiempo. Era una madre soltera con dos hijos, recién divorciada.

Había trabajado tan valerosamente por sentirme agradecida de lo que tenía, al tiempo que fijaba metas económicas y trabajaba en creer que merecía lo mejor.

Había soportado tanta pobreza, tanta privación. Diariamente trabajaba el Paso Once. Trabajaba duro rezando para que Dios me diera a conocer Su voluntad sólo para mí y para que me diera la fuerza para cumplirla. Creía que estaba haciendo lo que necesitaba hacer en mi vida. No estaba payaseando. Estaba haciendo mi mejor esfuerzo, estaba trabajando lo más que podía.

Y simplemente no había suficiente dinero. La vida había sido una lucha en muchos sentidos, pero la lucha con el dinero parecía no tener fin.

El dinero no lo es todo, pero se necesita para resolver ciertos problemas. Estaba harta de “dejar ir” y “dejar ir” y “dejar ir”.

Estaba harta de “actuar como si” tuviera suficiente dinero. Estaba cansada de tener que trabajar tan arduamente a diario por dejar ir el dolor y el miedo de no tener lo suficiente. Estaba cansada de trabajar tan duro por ser feliz sin tener lo suficiente. De hecho, la mayor parte del tiempo estaba feliz. Había encontrado mi alma en la pobreza. Pero ahora que ya tenía a mi alma y a mi ser, quería también  algo de dinero.

Mientras estaba en el coche tratando de recomponerme, escuché a Dios hablar con esa silenciosa, calmada voz que murmura suavemente a nuestras almas.

“No tienes que volver a preocuparte por dinero, criatura. No a menos que así lo quieras. Te dije que yo cuidaría de ti. Y lo haré.” Magnífico, pensé. Muchísimas gracias. Te creo. Confío en Ti. Pero mírame. No tengo dinero. No tengo comida. Y la oficina de víveres (la oficina gubernamental encargada de proveer de comida a la gente sin empleo en Estados Unidos) está cerrada. Me has fallado.

De nuevo escuché Su voz en mi alma: “No tienes que volver a preocuparte por dinero. No tienes por qué tener miedo. Te prometí que cubriría todas tus necesidades”.

Me fui a casa, le llamé a una amiga y le pedí algo de dinero prestado. Detestaba pedir prestado, pero no tenía alternativa.  Mi derrumbamiento en el coche había sido un alivio, pero no resolvió nada, ese día. No había ningún cheque en el buzón.

Pero conseguí comida para ese día. Y para el día siguiente. Y el siguiente. A los seis meses, mis ingresos se habían duplicado. A los nueve meses se habían triplicado. Desde ese día, he tenido épocas difíciles, pero nunca he tenido que pasar sin nada, no más que por un momento.

Ahora tengo suficiente. A veces aún me preocupo por el dinero porque me parece tan habitual. Pero ahora no tengo por qué hacerlo, y sé que nunca tuve que hacerlo.

Dios mío,  ayúdame a trabajar duro por lo que creo que está bien para mí en mi vida hoy, y confiaré en Ti para el resto. Ayúdame a dejar ir mis miedos acerca del dinero. Ayúdame a darte a Ti esa parte, Dios mío. Quita los obstáculos y las barreras en mi vida para el éxito económico.

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