Corriente Independiente de La Laguna

Noviembre 8


Comida para el pensamiento.

¿Dónde es la fiesta?

La mayoría de nosotros tenemos recuerdos tempranos de fiestas de cumpleaños –nuestras y de otros niños- y, como comedores compulsivos, quizá recordamos la comida más que todo lo demás. Por lo que podemos recordar, las fiestas han significado comida y bebida. Entre mejor y más abundantes eran la comida y la bebida, más buena era la fiesta; o así pensábamos.

Guardar la abstinencia significa que asistiremos a fiestas en las que no comeremos ni beberemos, si lo que se sirva no está de acuerdo con nuestro plan de alimentación. Para poder hacer esto con alegría y serenidad, necesitamos redefinir nuestra idea de lo que es una fiesta. Ésta no es una celebración si rompemos nuestra abstinencia y volvemos a comer compulsivamente.

A través de este programa, llegamos a comprender que una fiesta es algo más que una ocasión para comer y beber. Para disfrutar junto con otras personas es necesario que nos tengamos buena voluntad, que haya una atracción mutua y que exista el esfuerzo de comunicarse unos con otros y de afirmarse entre sí. Si estos elementos están presentes, habrá fiesta, aunque no haya nada de comer ni de beber. Si estos elementos están ausentes, ninguna cantidad de comida ni bebida nos asegurará que la pasemos bien.

Gracias a Ti, por la diversión.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

He aprendido a ser menos negativo y más positivo. Antes veía casi todo en una forma negativa. En mi concepto, casi toda la gente fanfarroneaba. Me parecía que había muy poca bondad en el mundo, y mucha hipocresía y falsedad. No se podía confiar en la gente. Todos se aprovechaban de mi cuando podían. Todos los que iban a la iglesia eran parcialmente hipócritas. Todo me parecía tener un pero. Esa era mi actitud general en la vida. Ahora soy más positivo. Creo en la gente y en sus capacidades. Hay mucho amor, verdad y sinceridad en el mundo. Ya no trato de devaluar a la gente. Ahora la vida vale la pena y es bueno vivir.

– ¿Soy menos negativo y más positivo?

Meditación del Día.

Hay que pensar en Dios como un gran amigo y tratar de compartir la maravilla de esa amistad. Cuando se le da a Dios no sólo veneración, obediencia y adhesión, sino también camaradería estrecha, entonces se vuelve nuestro amigo y nosotros nos convertimos en amigos de Él. Podemos sentir que con Él estamos en todo momento trabajando. Él puede hacer cosas por nosotros y nosotros podemos hacer cosas por Él. Nuestras oraciones se vuelven más reales para nosotros cuando sabemos que Dios cuenta con nuestra amistad y nosotros con la amistad de Dios.

Oración del Día.

Ruego que piense en Dios como en mi amigo. Pido que sienta que estoy trabajando por Él y con Él.

Reflexión diaria A.A.

Un paso hacia la luz.

“Pero ante todo desearemos la luz; casi nada puede crecer en la oscuridad. La meditación es nuestro paso hacia la luz.”

TAL COMO LO VE BILL, p. 10

Algunas veces pienso que no tengo tiempo para la oración y la meditación, olvidando que siempre tenía tiempo para beber. Es posible que encuentre tiempo para cualquier cosa que quiera hacer con suficiente fervor. Cuando empiezo con la rutina de la oración y la meditación, es una buena idea planear dedicar una pequeña porción de tiempo para ello. Por la mañana leo una página de uno de los libros de la Comunidad, y cuando me acuesto por la noche digo “Gracias a Dios”. Según la oración se convierte en un hábito, iré aumentando el tiempo que dedique a ella, sin siquiera darme cuenta del tiempo que ocupe en mi atareado día. Si me resulta difícil orar, simplemente repito el Padre Nuestro porque en realidad lo abarca todo. Luego pienso en los motivos que tengo para estar agradecido y digo unas palabras de gratitud.

No tengo que encerrarme en un armario para rezar. Sólo me retiro mentalmente por un instante. Según continúe mi práctica de la oración, veré que no necesito palabras, porque Dios puede escuchar y escucha mis pensamientos en el silencio.

El lenguaje del adiós.

Aceptamos amor.

Muchos de nosotros hemos trabajado demasiado para hacer que las relaciones funcionen; algunas veces esas relaciones no tenían oportunidad porque la otra persona no estaba disponible o se rehusó a participar.

Para compensar la falta de disponibilidad de la otra persona trabajamos demasiado duro. Podemos haber hecho todo el trabajo o la mayor parte. Esto podrá enmascarar la situación por un rato, pero por lo general nos cansamos. Luego, cuando dejamos de hacer todo el trabajo, nos damos cuenta de que no hay relación, o ya estamos tan cansados que no nos importa.

Hacer uno todo el trabajo en una relación no es amar, dar o tener interés. Es una conducta auto derrotista y contraproducente para la relación. Crea la ilusión de una relación cuando de hecho puede no haber ninguna. Le permite a la otra persona ser irresponsable acerca de la parte que le toca. Como eso no satisface nuestras necesidades, finalmente nos sentimos victimados.

En nuestras mejores relaciones, todos tenemos periodos temporales en los que una persona participa más que la otra. Esto es normal. Pero cuando es una manera permanente de participar en las relaciones, nos deja sintiéndonos cansados, desgastados, necesitados y enojados.

Podemos aprender a participar en una cantidad razonable y luego dejar que la relación encuentre su propia vida. ¿Somos nosotros los que siempre llamamos? ¿Somos los que siempre iniciamos? ¿Somos los únicos que damos? ¿Somos el que hablamos de los sentimientos y se esfuerza por lograr la intimidad?

¿Somos el único que espera, que tiene esperanzas, que trabaja? Podemos dejarlo ir. Si la relación se va a dar, se dará y se convertirá en lo que estaba destinada a convertirse. No ayudamos a ese proceso tratando de controlarlo. No nos ayudamos a nosotros mismos, a la otra persona o a la relación tratando de forzarla o haciendo todo el trabajo.

Déjala estar. Espera y ve. Deja de preocuparte por hacer que ésta sedé. Ve qué sucede y esfuérzate en  comprender si eso es lo que quieres.

Hoy dejaré de hacer todo el trabajo en mis relaciones. Me daré a mí mismo y a la otra persona la facultad de exigir que ambos participemos. Aceptaré el nivel natural que alcancen mis relaciones cuando yo haga mi parte y le permita a la otra persona elegir la suya.

Puedo confiar en que mis relaciones alcanzarán su propio nivel. Yo no tengo que hacer todo el trabajo; lo único que necesito es hacer la parte que me toca.

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