Corriente Independiente de La Laguna

Octubre 11


Comida para el pensamiento.

Me siento privado.

Si me permito a mí mismo sentir privación, tarde o temprano comeré en exceso o reaccionaré con emociones negativas. Soy un ser humanos, un hijo de Dios que tiene los mismos derechos que el resto de Sus otros hijos. Tengo necesidades y preferencias, las cuales, si las niego o las reprimo, aflorarán en forma destructiva.

Si las personas que me rodean están disfrutando de una comida especial y yo me como las sobras de algo que en especial no me gusta, me sentiré privado. Puedo ponerme de mal humor y más tarde comer en exceso para compensar. No es necesario que coma lo mismo que los demás, si esto no está dentro de mi plan de alimentación, pero mi comida debe resultarme placentera. No es necesario que como y haga todo lo que los demás comen y hacen, pero sí puedo reconocer mis deseos y preferencias y satisfacerlos cuando el hacerlo no dañe a nadie.

Al comer en exceso, me privaba a mí mismo de tener buena salud, paz interior, autorrespeto y una apariencia atractiva. Al abstenerme, estoy reparando los daños que me causé a mi mismo a causa de esa privación. Al seguir el programa, estoy aprendiendo a satisfacer mis necesidades legítimas.

Confío en que Tú cubrirás mis necesidades.

24 horas al día

Pensamiento del Día.

¿Qué clase de padrino soy? Cuando llevo a un nuevo miembro a una junta ¿siento que allí ha terminado mi responsabilidad? ¿O permanezco cerca de él en las buenas y en las malas hasta que se convierta en un buen miembro o bien encuentre a otro padrino? Si no se presenta a una junta ¿me digo a mí mismo que ése es su problema y que si no quiere el programa allá él? O lo busco y averiguo si hay alguna buena razón que justifique su ausencia o bien no desea realmente el programa de T.A.? ¿Hago todo lo que esté de mi parte para averiguar lo que pasa y ver si puedo hacer algo más para ayudarlo.- “¿Soy un buen padrino?”.

Meditación del Día.

“Reconcíliate primero con tu hermano y después ven a Dios con tu ofrenda”. Primero debemos estar bien con nuestros semejantes y luego podemos estar bien con Dios. Si tenemos resentimientos contra algún semejante, que nos es difícil vencer, debemos tratar de tener otros pensamientos constructivos. Debemos rezar por aquél contra quien tenemos el resentimiento. Debemos ponerlo en las manos de Dios y dejar que Dios le muestra la forma de vivir. “El que dijere: amo a Dios y odiaré a su hermano, es un mentiroso, porque aquel que no amare a su hermano a quien puede ver, ¿cómo puede amar a Dios a quien nunca ha visto?

Oración del Día.

Ruego poder ver algo bueno en cada persona, aún cuando no sea de mi agrado. Pido que pueda estar deseoso de que Dios desarrolle el bien en él.

Reflexión diaria A.A.

Autodisciplina.

“Nuestro primer objetivo será el desarrollo de la autodisciplina.”

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 98

Conducir mi coche a mi trabajo me da la oportunidad de auto examinarme. Un día, mientras hacía este viaje, empecé a revisar mi progreso en sobriedad, y no me gustó mucho lo que vi. Esperaba que a medida que el día progresaba, yo olvidara esos pensamientos molestos, pero según se sucedían los desengaños, mi descontento solamente crecía y las presiones internas seguían aumentando. Me retiré a una mesa aislada en el salón de recreo y me pregunté a mí mismo cómo podía sacar el mejor provecho del resto del día. Cuando las cosas iban mal en el pasado, instintivamente yo quería combatirlas. Pero durante el corto tiempo que había estado tratando de vivir el programa de T.A., aprendí a retroceder un paso y mirarme a mí mismo. Reconocí que, aunque yo no era la persona que quería ser, ya no reaccionaba como hacía antes. Aquellos viejos moldes de comportamiento solamente trajeron dolor y tristeza para mí y para otros. Regresé a mi puesto de trabajo, resuelto a hacer de este día un día productivo, agradeciéndole a Dios la oportunidad de hacer progresos ese día.

El lenguaje del adiós.

Recuperación.

Qué fácil es culpar a los demás de nuestros problemas.

“Mira lo que él está haciendo”

“Mira cuanto he esperado”

“¿Por qué ella no me llama?”

“Si tan solo él cambiara, yo sería feliz”.

Con frecuencia, nuestras acusaciones son justificadas.

Probablemente nos sentimos dolidos y frustrados. En esos momentos podemos empezar a creer que la solución a nuestro dolor y frustración está en que la otra persona haga lo que queremos o que las cosas resulten como lo deseamos. Pero estas ilusiones autoderrotistas colocan el poder y el control de nuestra vida en manos de otras personas. A esto le llamamos codependencia.

La solución válida a nuestro dolor y frustración, es reconocer nuestros propios sentimientos. Sentimos la ira, la pena; luego dejamos ir nuestros sentimientos y encontramos la paz, en nuestro interior. Sabemos que nuestra felicidad no la controla otra persona, aunque nos hayamos convencido de ello. A esto le llamamos aceptación.

Después decidimos que aunque nos gustaría que nuestra situación fuera diferente, tal vez nuestra vida esté transcurriendo de esta manera por alguna razón. Quizá esté en juego un propósito y un plan superiores, uno mejor que el que nosotros podríamos haber orquestado. A esto le llamamos  fe.

Después decidimos lo que necesitamos hacer, qué está dentro de nuestro poder para cuidar de nosotros mismos. A eso se le llama recuperación.

Es fácil señalar con nuestro dedo a otra persona, pero es más recompensante señalar suavemente con él hacia nosotros mismos

Hoy viviré con mi dolor y frustración, lidiando con mis propios sentimientos.

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