Corriente Independiente de La Laguna

Octubre 9


Comida para el pensamiento.

Abstinencia, no castigo.

Al abstenernos de comer en forma compulsiva, nos estamos haciendo a nosotros mismos el más grande favor que nos podamos imaginar. Literalmente, estamos salvando nuestra vida, física, emocional y espiritualmente. Nunca debemos pensar en la abstinencia en términos de castigo. Comer demasiada comida e ingerir los alimentos incorrectos era el castigo real.
Cada día planeamos tres comidas nutritivas preparadas con alimentos que disfrutamos. No exageramos esfuerzos para hacer disfrutables esas comidas, ya que no deseamos reactivar nuestra antigua obsesión por la comida. Al mismo tiempo, seleccionamos alimentos que nos gustan, y no nos castigamos a nosotros mismos con menús aburridos, poco apetecibles.
Los azúcares refinados y los carbohidratos con los que nos recompensábamos en el pasado, ya no son un premio, sino veneno para nuestro cuerpo. Comer en exceso cualquier alimento es castigarnos, porque perdemos el control y la paz interior. Guardamos la abstinencia de comer en forma compulsiva para cuidar de nosotros mismos y para sentirnos bien.
Por Tu gracia, que mantenga la abstinencia.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

¿Estoy dispuesto a aburrirme a veces en las juntas? ¿Estoy dispuesto a escuchar la continua repetición de los principios de T.A.? ¿Estoy dispuesto a oír lo mismo una y otra vez? ¿Estoy dispuesto a escuchar los historiales largos porque pienso que pueden ayudar a alguien? ¿Estoy dispuesto a sentarme y escuchar a los miembros que cuentan con todo detalle su pasado? ¿Estoy dispuesto a hacerlo porque a ellos les hace bien desahogarse? Mis sentimientos no soy demasiado importantes. El bienestar de T.A., está en primer lugar, aun cuando no siempre sea ameno para mí.- “¿He aprendido a tomar todas las fases de T.A.?”.

Meditación del Día.

Dios desea tenernos más cerca de El en los lazos del espíritu. Dios desea tener todas las personas más cerca entre sí en los lazos del espíritu. Dios, el Gran Espíritu del universo, del que cada uno de nuestros espíritus es tan sólo una pequeña parte, desea la unión de todos sus hijos con El. “La unión del espíritu en los lazos de la paz”. Cada una de las experiencias de la vida del hombre, sean de alegría, de pena, de peligro, de seguridad, de derrota, de éxito, de privación o de holganza, deben aceptarse como parte de lo que a todos toca, en los lazos del espíritu.

Oración del Día.

Ruego que pueda recibir con agrado los lazos de la verdadera fraternidad. Pido llegar a tener una unión más estrecha con Dios y con mis semejantes.

Reflexión diaria A.A.

Un axioma espiritual.

“Es un axioma espiritual que cada vez que estamos perturbados, no importa cuál sea la causa, hay algo mal en nosotros.”

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 97

Yo nunca entendí verdaderamente el axioma espiritual del Décimo Paso hasta que tuve la siguiente experiencia. Estaba yo sentado leyendo en mi cuarto, a altas horas de la noche, cuando de pronto oí ladrar a mis perros en el patio de atrás. Mis vecinos se disgustan con esta clase de perturbación, así es que, entre enojado y avergonzado, temiendo la desaprobación de mis vecinos, inmediatamente hice entrar a mis perros. Algunas semanas más tarde se repitió exactamente la misma situación, pero esta vez, debido a que estaba más en paz conmigo mismo, pude aceptar la situación – los perros tienen que ladrar – y calmadamente los hice entrar. Ambos incidentes me enseñaron que cuando una persona experimenta eventos casi idénticos y reacciona de dos maneras diferentes, no es el evento el que tiene la importancia principal, sino la condición espiritual de la persona. Los sentimientos vienen de adentro y no de circunstancias exteriores. Cuando mi condición espiritual es positiva, yo reacciono positivamente.

El lenguaje del adiós.

Autorevelación

Aprender a revelar gentilmente quiénes somos es como nos abrimos al amor y a la intimidad en nuestras relaciones.

Muchos de nosotros nos hemos ocultado detrás de una concha protectora, una cubierta que impide que los otros nos vean o nos lastimen. No queremos ser tan vulnerables. No queremos exponer nuestros pensamientos, sentimientos, miedos, debilidades y a veces nuestros puntos fuertes, ante los demás.

No queremos que los demás vean cómo somos realmente.

Puede darnos miedo que puedan juzgarnos, alejarse o no caerles bien.

Podemos no estar seguros de que está bien que seamos como somos o de cómo deberíamos exactamente revelarnos ante los demás.

Ser vulnerable puede ser atemorizador, especialmente si hemos vivido con gente que ha abusado de nosotros, que nos ha maltratado, manipulado, o que no nos apreció.

Poco a poco, aprendemos a correr el riesgo de revelarnos.

Le enseñamos a los demás la persona real que hay dentro de nosotros. Seleccionamos gente segura y empezamos a revelarle pedazos y pedacitos de nosotros mismos.

A veces, por miedo, podemos retener algo, pensando que eso ayudará a la relación o ayudará a los demás a que les caigamos mejor. Esa es una ilusión. Retener lo que somos no nos ayuda a nosotros, ni a la otra persona, ni a la relación. Retenerse es una conducta contraproducente. Para que existan una verdadera intimidad y cercanía, para que nos amemos a nosotros mismos y estemos contentos en una relación, necesitamos revelar cómo somos.

Eso no significa que se lo digamos todo de una vez a todo el mundo.

Esa también puede ser una conducta contraproducente. Podemos aprender a confiar en nosotros mismos acerca de a quién decirle, cuándo decírselo, en dónde decírselo y cuánto decirle.

Confiar en que la gente nos amará y le caeremos bien si somos exactamente quiénes somos puede ser atemorizante. Pero es la única manera como podemos lograr lo que queremos en  las relaciones. Dejar ir nuestra necesidad de controlar a los demás –sus opiniones, sus sentimientos acerca de nosotros, o el curso de la relación – es la clave.

Suavemente, como una flor, podemos aprender a abrirnos. Al igual que una flor, lo haremos cuando brille el sol y esté tibio.

Hoy empezaré a tomar el riesgo de revelar quién soy a alguien que sienta que es seguro.

Dejaré ir algunas de mis artimañas protectoras y me arriesgaré a ser vulnerable, aunque se me haya enseñado a actuar en otra forma.

Revelaré cómo soy de manera que refleje autorresponsabilidad, amor a mí mismo, en forma directa, honestamente.

Dios mío, ayúdame a dejar ir mis miedos acerca de revelarle a la gente cómo soy. Ayúdame a aceptar quién soy y a dejar ir mi necesidad de ser quien la gente quiere que sea.

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