Corriente Independiente de La Laguna

Septiembre 3


Comida para el pensamiento.

Amigos y enemigos.

A veces, nuestros amigos o familiares nos instan a comer alimentos que no forman parte de nuestro plan. Si permitimos que nos obliguen a comer algo sólo por darle gusta a otra persona, corremos el peligro de perder lo más importante de nuestra vida: la abstinencia. Cualquiera que trate de hacernos sentir incómodos a causa de nuestra enfermedad está actuando como un enemigo, no como un amigo.

Para algunas personas que están cerca de nosotros, puede ser útil darles una explicación acerca de nuestro plan de alimentación. Sin embargo, las discusiones que se repiten son, por lo general, innecesarias e improductivas. Nosotros somos los únicos responsables de lo que entra en nuestra boca. Si los que nos rodean no pueden o no quieren entenderlo, entonces ése es su problema, no el nuestro.

Cuando nos enfrentamos al tipo de alimento que sabemos nos hace daño, la respuesta más sencilla es un firme ¡no, gracias!  Cuando nosotros estamos resueltos a guardar la abstinencia, nadie más sea amigo o enemigo, nos puede impedir seguir nuestro plan.

Señor, protégeme de mis amigos y enemigos.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

Hay que brindarle amistad y fraternidad al nuevo prospecto. Hay que decirle que, si desea estar bien, haremos lo que sea necesario para ayudarlo. Grabe en la conciencia del nuevo la idea que puede recuperarse a pesar de cualquiera otra persona. Ya sea que tenga o no tenga empleo, tenga o no esposa, no puede dejar de comer en tanto que dependa más de otra gente que de Dios. No deje que ningún tragón diga que no puede recuperarse a menos que recupere a su familia. Esto no es cierto. Su recuperación no depende de otras personas; depende de su propia relación con Dios.

– ¿Puedo darme cuenta de todos los pretextos que puede tener un nuevo prospecto?

Meditación del Día.

La vida espiritual depende de Aquel a quien no vemos. Para vivir la vida espiritual hay que creer en Él, a quien no vemos. Hay que tratar de no perder la conciencia del espíritu de Dios en uno mismo y en los demás. Así como un bebé está protegido en los brazos de su madre, debemos nosotros sentirnos protegidos con la comprensión y el amor de Dios. Dios nos relevará del peso de las preocupaciones, de la aflicción y la depresión, de las necesidades y de las angustias, de la debilidad y del dolor, si dejamos que se haga cargo de ello. Hay que desviar la vista de las dificultades terrenales y percibir la gloria de Dios, a quien no vemos. Hay que tratar cada día de ver más gente buena, más de aquello que no vemos que en lo que sí podemos ver.

Oración del Día.

Ruego que pueda descansar y morar en la presencia de Dios. Pido poder dejarle a Él mis cuidados y aflicciones.

Reflexión diaria A.A.

Construir una nueva vida

“Creemos que es un irreflexivo el hombre que dice que le basta con abstenerse de beber.”

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 77

Cuando hago mis reflexiones sobre el Paso Nueve, veo que la sobriedad física debe ser suficiente para mí. Tengo que recordar la desesperanza que sentía antes de encontrar la sobriedad y lo dispuesto que estaba para hacer todo lo que fuera necesario para conseguirla. No obstante, la sobriedad física no es suficiente para aquellos que me rodean porque tengo que procurar que el don de Dios sea usado para edificar una nueva vida para mi familia y seres queridos. De igual importancia, tengo que estar disponible para ayudar a otros que desean la manera de vivir de AA

Le pido a Dios que me ayude a compartir el don de la sobriedad para que aquellos a quienes conozco y amo puedan ver sus beneficios.

El lenguaje del adiós.

El poder de la palabra.

“Sé que soy controladora, pero mi marido también lo es. Posiblemente él es más controlador que yo. Cada vez que he estado dispuesta a dejarlo, cada vez que he empezado a irme, él ha sabido decir las palabras exactas para detenerme. Y él sabía que yo respondería.

El sabía decir exactamente lo que yo necesitaba escuchar para quedarme ahí donde él quería que me quedara. El sabía lo que estaba haciendo, y sabía lo que yo haría, porque después de que empecé a recuperarme, me lo confesó.”

Anónimo

Algunos de nosotros somos así de vulnerables a las palabras.

Un “te quiero” dicho a tiempo. Un momento escogido para decir “lo siento”. Una disculpa expresada en el tono correcto de voz. Una palmadita en la cabeza. Una docena de rosas. Un beso. Una tarjeta de felicitación. Unas cuantas palabras que prometen un amor aún no manifestado pueden mantenernos en la negación. A veces pueden mantenernos negando que se nos ha mentido, maltratado o que se ha abusado de nosotros.

¡Hay aquellos que deliberadamente se proponen dominarnos, controlarnos y manipularnos a través de palabras baratas! ¡Conocen, entienden perfectamente nuestra vulnerabilidad a unas cuantas palabras dichas a tiempo! Penetran nuestra ingenuidad. Saben lo que están haciendo. ¡Entienden el impacto que tienen sobre nosotros! No tenemos por qué darle tanto poder a las palabras, aunque esas palabras sean justamente las que queremos y necesitamos escuchar, aunque suenen tan bien, aunque parezcan detener el dolor.

Tarde o temprano llegaremos a darnos cuenta de que si la conducta no está de acuerdo con las palabras de una persona, estamos permitiendo que se nos controle, que se nos manipule, que se nos engañe. Tarde o temprano llegaremos a darnos cuenta de que es una charla barata, a menos que la conducta de la persona esté de acuerdo con ella.

Podemos llegar a exigir congruencia entre la conducta y las palabras de aquellos que nos rodean. Podemos aprender a no ser manipulados, o dominados, por la charla barata.

No podemos controlar lo que hacen los otros, pero podemos escoger nuestras propias palabras y nuestro propio curso de acción. No tenemos por qué dejar que la charla barata, dicha a buen tiempo, nos controle, aunque las palabras que escuchemos sean exactamente las que queremos oír para que cese nuestro dolor.

Hoy dejaré ir mi vulnerabilidad a las palabras.

Dios mío, ayúdame a confiar en mí mismo para conocer la verdad, aunque se me esté engañando. Ayúdame a apreciar aquellas relaciones donde hay congruencia. Ayúdame a creer que merezco congruencia y verdad en la conducta y en las palabras de aquellos que me importan.

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