Corriente Independiente de La Laguna

Julio 5


Comida para el pensamiento.

Ignora el antojo

Los viejos hábitos calan hondo, y puede ser que experimentemos por largo tiempo nuestro viejo antojo por ese “pequeño” bocadito compulsivo.  El antojo nos hará daño, y con el tiempo pasará si lo ignoramos.  Si cedemos ante el antojo, éste no desaparecerá, sino que se hará más fuerte.  Darle gusto al antojo es como echarle gasolina al fuego.

Cuando experimentamos el antojo por algún alimento fuera de nuestro plan, es conveniente que dirijamos nuestra atención a alguna otra cosa.  Si es posible, debemos apartarnos físicamente de la tentación.  Si no es así, necesitaremos pedirle fortaleza a nuestro Poder Superior para permanecer en abstinencia y para ignorar las demandas de nuestro desproporcionado apetito.   Dios nunca permite que seamos tentados más allá de la capacidad que tenemos para soportar la tentación.  Él siempre está ahí para apoyarnos cuando recurrimos a Él para pedirle ayuda.

Que te escuche a Ti e ignore los antojos dañinos.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

Hasta que llegamos a T.A., la mayoría de nosotros había tratado desesperadamente de dejar de comer compulsivamente. Estábamos dominados por la ilusión que podíamos comer como nuestros amigos. Una y otra vez tratamos de tomarlo o dejarlo, pero no podíamos hacer ni una cosa ni la otra. Siempre caímos en un comer incesante, infeliz. Las esposas, las madres, los familiares, amigos y jefes meneaban la cabeza con doloroso asombro, con desesperación, y, finalmente con disgusto. Nosotros queríamos detenernos. Nos dábamos cuenta de que toda razón para comer era solamente una excusa tonta.

¿He renunciado a toda excusa para tragar?

Meditación del Día.

Muchas cosas pueden trastornarnos y hacer que nos desviemos del camino. Pero hay que recordar que Dios está cerca de nosotros en todo momento, dispuesto a ayudarnos si acudimos a Él. Ningún hombre puede mantenerse para siempre en contra de la voluntad de Dios ni puede trastornar el plan de Dios para su vida, aún cuando ese proyecto de Dios pueda ser pospuesto por la terquedad y la deliberada elección del mal por un hombre. Un mundo entero de hombres y mujeres no pueden cambiar permanentemente las leyes de Dios ni su propósito para el universo. El mar de la vida puede parecernos muy agitado; pero podemos creer que nuestro Capitán conduce la nave en el debido curso.

Oración del Día.

Ruego poder tratar de seguir en el curso debido. Pido poder aceptar la dirección de Dios en el viaje de mi vida.

Reflexión diaria A.A.

Una nueva dirección.

“Nuestros recursos humanos bajo el mando de nuestra voluntad no eran suficientes, fallaban completamente . . . Cada día es un día en el que tenemos que llevar la visión de la voluntad de Dios a todos nuestros actos.”

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 42-79

Yo oigo hablar del alcohólico “sin fuerza de voluntad”, pero yo soy una de las personas con más fuerza de voluntad de la tierra. Ahora sé que mi increíble fuerza de voluntad no es suficiente para salvar mi vida. Mi problema no es asunto de “fuerza de voluntad” sino de dirección. Cuando yo, sin minimizarme falsamente, acepto mis verdaderas limitaciones y recurro a Dios para que me dé su orientación, entonces mis peores faltas se convierten en mis mejores ventajas. Mi fuerte voluntad, correctamente dirigida, me hace seguir trabajando hasta que las promesas del programa se convierten en mi realidad cotidiana.

El lenguaje del adiós.

Sentimiento de culpa del sobreviviente.

Empezamos la recuperación. Empezamos a cuidar de nosotros mismos.

Nuestro programa de recuperación empieza a funcionar en nuestra vida y empezamos a sentirnos bien con nosotros mismos.

Y luego nos golpea la culpa.

Cada vez que empezamos a experimentar la plenitud y la alegría de vivir, podemos sentirnos culpables por aquellos que hemos dejado atrás, aquellos que no están en recuperación, aquellos que aún sufren. Este sentimiento de culpa del sobreviviente es un síntoma de codependencia.

Podemos pensar en el esposo de quien nos hemos divorciado y que sigue bebiendo. Podemos pensar en un hijo, ya mayor o adulto, que sigue sufriendo. Podemos recibir una llamada telefónica de uno de nuestros padres que no está en recuperación y que nos relata sus desgracias. Y sentimos que nos jala su dolor.

¿Cómo podemos estar bien, tan felices, cuando aquellos que amamos siguen aún en la desgracia? ¿Podemos realmente romper con ellos y llevar una vida satisfactoria, a pesar de las circunstancias? Sí, podemos.

Y sí, duele dejar atrás a los que amamos. Pero sigue hacia delante de todas maneras. Sé paciente. La recuperación de otras personas no es nuestra 1abor. Nosotros no podemos hacer que se recuperen. No podemos hacerlas felices. Podemos preguntarnos por qué fuimos escogidos nosotros para tener una vida más plena. Tal vez nunca sepamos la respuesta. Algunos podrán entrar a su debido tiempo, pero su recuperación no es asunto nuestro. La única recuperación que podemos reclamar realmente es la nuestra.

Podemos dejar ir a los demás con amor, y amarnos a nosotros mismos sin sentimientos de culpa.

Hoy estoy dispuesto a superar mi tristeza y mis sentimientos de culpa. Me permitiré estar sano y feliz, aunque alguien a quien ame no haya elegido el mismo camino.

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