Corriente Independiente de La Laguna

Julio 2


Comida para el pensamiento.

Fortaleza espiritual.

Lo que los tragones necesitamos para controlar nuestra enfermedad es fortaleza espiritual.  Si somos fuertes espiritualmente, no nos volveremos a la comida para llenar nuestro vacío espiritual interior.  Recordemos que comíamos en exceso porque éramos pobres espiritualmente, y hacerlo vació nuestro espíritu aún más.

Paradójicamente, somos más fuertes en espíritu cuando estamos más conscientes de nuestra debilidad. Para que nuestro Poder Superior se pueda hacer cargo de nuestra vida, tenemos que reconocer y admitir nuestra impotencia.  La fortaleza espiritual le llega a aquellos que tienen la suficiente humildad para recibirla.

La fortaleza no la adquirimos de la noche a la mañana.  Entre más tiempo pasemos en comunión con Dios, más fuertes nos volveremos.  Cultivar conscientemente Su presencia mientras desarrollamos nuestras actividades nos permitirá apoyarnos más y más en Su fortaleza y cada vez menos en la nuestra.

Fortalécenos con alimento espiritual para que no tengamos necesidad de comer en exceso.

24 horas al día.

Pensamiento del Día.

En la asociación, con miembros del grupo de TA al cual pertenezco, tengo la ventaja de contar con la amistad sincera y con la comprensión de los demás miembros, quienes, a través del contacto social y personal, nos apartan de nuestros viejos hábitos y ambientes y nos ayudan a eliminar en gran medida las tentaciones de tragar que se presenten. Encontramos en esta asociación una comprensión y buena voluntad por parte de la mayoría de los miembros para hacer todo lo que esté dentro de sus fuerzas para ayudarnos.

¿Aprecio la maravillosa camaradería de TA?

Meditación del Día.

“A menos que lleguéis a ser como niños pequeños, no podréis entrar al reino de los cielos”. En estas palabras se precisa que todos aquellos que buscan el cielo en la tierra o en el futuro deben llegar a ser como niños pequeños. Al buscar las cosas del espíritu y en nuestra fe, debemos tratar de llegar a ser pueriles. Es más, a medida que nos hagamos mayores, los casos de búsqueda pueden darnos la actitud del niño confiado. No solamente por la sencilla confianza debemos tener el espíritu infantil, sino también por la alegría en la vida, la risa pronta, la falta de crítica y el deseo de compartir. En el cuento de Carlos Dickens “El Villancico de Navidad”, hasta el viejo Scrooge cambió cuando alcanzó el espíritu infantil.

Oración del Día.

Ruego porque pueda llegar a ser como un niño en fe y esperanza. Pido poder como un niño, ser amigable y confiado.

Reflexión diaria A.A.

El corazón de la verdadera sobriedad.

Encontramos que nadie tiene por qué tener dificultades con la espiritualidad del programa. Buena voluntad, sinceridad y una mente abierta son los elementos para la recuperación. Pero estos son indispensables.

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 269

¿Soy lo suficientemente honesto para aceptarme como soy y dejar que ese “Yo” sea el que vean los demás?. ¿Estoy dispuesto a hacer todo esfuerzo, todo lo necesario para mantenerme sobrio? ¿Tengo la amplitud de mente para escuchar lo que debo escuchar, pensar lo que debo pensar y sentir lo que debo sentir?

Si mi respuesta a estas preguntas es “Sí”, quiere decir que sé lo suficiente respecto a la espiritualidad del programa para estar sobrio. Cuando continúo practicando los Doce Pasos, avanzo hacia el corazón de la verdadera sobriedad: serenidad conmigo mismo, con otros y con Dios como yo Lo concibo.

El lenguaje del adiós.

¿Quién sabe más?

Los otros no saben lo que más nos conviene.

Nosotros no sabemos lo que les conviene más a los demás.

Nuestra labor consiste en determinar lo que más nos conviene a nosotros mismos.

“Yo sé lo que tú necesitas”… “Yo sé lo que tú debes hacer”.

“Escucha, en esto es en lo que creo que tú deberías estar trabajando ahora”.

Estas afirmaciones son audaces, creencias que nos alejan de la forma en que operamos en el plano espiritual de la vida. A cada uno de nosotros se nos ha dado la habilidad de discernir y de detectar su propio sendero, sobre una base cotidiana. Esto no siempre es fácil.

Quizá tengamos que luchar para llegar a ese lugar quieto, calmado.

Dar consejos, tomar decisiones por los demás, hacer un mapa de su estrategia, no es labor nuestra. Tampoco es labor suya dirigirnos.

Aunque tengamos un contrato claro con alguien para que nos ayude –como en la relación con un padrino- no podemos confiar en que los demás siempre saben lo que más nos conviene. Tenemos la responsabilidad de pedir guía y dirección. Pero es responsabilidad nuestra clasificar y catalogar la información, y luego escucharnos a nosotros mismos acerca de lo que más nos conviene. Nadie puede saberlo más que nosotros mismos.

Un gran regalo que podemos dar a los demás es ser capaces de confiar en ellos, en que ellos tienen su propia fuente de guía y sabiduría, en que ellos tienen la capacidad de discernir lo que más les conviene y el derecho a encontrar ese sendero cometiendo errores y aprendiendo.

Confiar en que nosotros mismos somos capaces de descubrir a través de ese mismo proceso imperfecto de esfuerzo, ensayo y error –es un gran regalo que podemos dar a nosotros mismos.

Hoy recordaré que a cada uno de nosotros se nos ha dado el don de ser capaces de descubrir lo que más nos conviene. Dios mío, ayúdame a confiar en ese don.

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